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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Govern y TSJC vulneran a sabiendas la Constitución

Supeditados a los intereses de las compañías hoteleras, Govern de Armengol y jueces del Tribunal Superior de Justicia mantienen el infumable toque de queda

La pulsión autoritaria que siempre anida en los poderes públicos ha eclosionado cuando ha atisbado la oportunidad de manifestarse: la pandemia ha permitido al Gobierno balear que preside la señora Francina Armengol y a los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de Baleares (TSJB), amparándose en el falso dilema de que hay que proteger la salud por encima de todo, conculcar derechos fundamentales reconocidos por la Constitución considerados inviolables. Cómo es posible que el Ejecutivo autonómico de las izquierdas coaligadas y los jueces del TSJB avalen la continuidad del toque de queda sin el estado de alarma que decaerá el domingo. Lo que solo sucede en los sistemas autoritarios, en las dictaduras, halla acomodo en el Gobierno balear y es validado por la máxima instancia judicial de la Comunidad Autónoma. Legítimamente hay que alzar la voz, decir que no se puede callar, aceptar sin más tamaña vulneración. Nadie, salvo que rija el estado de alarma aprobado por el Congreso de los Diputados, está en condiciones de arrogarse la facultad de prohibir a la ciudadanía estar en la calle. Los toques de queda los imponen las dictaduras cuando les apetece. Controlan a su población. En ellas no hay ciudadanos. Existen súbditos sometidos a los dictámenes de quienes detentan los poderes. Los toques de queda han sido habituales en las dictaduras comunistas. Lo hemos visto en la República Popular China. Inmenso hormiguero en el que los derechos ciudadanos son entelequia. Se comprueba a diario en Corea del Norte. En Cuba. En Venezuela. Toques de queda en regímenes fascistas: el Chile del general Pinochet. La España del general Franco, al que nuestras derechas tan renuentes se manifiestan en condenarlo. En las sociedades libres, en las que impera el Estado de Derecho, solo donde se asienta la soberana voluntad del pueblo libremente expresada en las elecciones, en el Parlamento, cabe la posibilidad de arbitrar restricciones cuando se dan las circunstancias para ello, caso de la pandemia.

Se puede argumentar para oponerse al toque de queda que en las Islas la incidencia del virus no llega a los 60 casos por cada 100 mil habitantes a 14 días. No es el a esgrimir, sino que hay que centrarse en lo fundamental. Lo decisivo: la vulneración, flagrante, de la Constitución. La restricción, arbitraria, de derechos fundamentales, como lo es el de estar en la calle cuando te dé la gana sin que ningún poder público pueda impedirlo. La senda autoritaria es muy fácil recorrerla. Suele ser arduo, complicado, difícil, iniciar la marcha atrás. En esas estamos. Se daba por supuesto que el Gobierno balear buscaría prolongar el toque de queda. En el Consulado del Mar se es muy sensible a determinadas presiones. Se aceptan de buen grado. Restringir la libertad de movimientos se decreta. Vacunar masivamente no. Lo que no era previsible ha sido el auto del TSJB, que, aunque por la mínima, porque ha habido en él dos magistrados que han entendido lo que proclama la Constitución de 1978, da por buena la permanencia del toque de queda. Será que en Mallorca, Menorca y las Pitiusas vamos a entrar sin más en la senda autoritaria con la excusa, reiterada hasta la náusea, de salvar la temporada. Durante la dictadura franquista, cuando se demandaban ciertas libertades, la cínica respuesta de las autoridades siempre fue la misma: primero hay que avanzar en el crecimiento económico; después, en un momento que nunca llegaba, podrá entrarse en el estudio de tan innecesarias peticiones.

Quién pudo pensar que el Estado de las autonomías devendría en que los gobiernos regionales dispondrían de la capacidad de dejar en suspenso los derechos que en 1978 se dieron por consolidados. Algunos recordamos que el 23 de febrero de 1981 el entonces capitán general de Valencia Jaime Milans del Bosch decretó el toque de queda. No es ocioso ventearlo.

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