Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

José Francisco Conrado de Villalonga

Vergüenza en la Policía Local de Palma

Cuartel de la Policía Local de Palma de Sant Ferran.

Cuartel de la Policía Local de Palma de Sant Ferran.

La Policía Local de Palma no deja de sorprender por sus continuos desmanes. Un cuerpo policial que teóricamente está al servicio de los palmesanos, parece que se ha convertido en un centro de corrupción con autonomía propia, independiente del poder político y fuera de control. Estos funcionarios están investidos de potestad, -incluso armados-, pero carecen autoridad moral, por el descrédito que han ido ganándose en los últimos años, con escándalos periódicos. Da la impresión de ser más bien un grupo mafioso que un cuerpo policial. Según se lee en los medios de comunicación existe un amplio conjunto de jefes imputados por casos de corrupción, unidos por intereses espurios con el grupo Cursach. Otros han abusado de su poder y fuerza amada para maltratar a detenidos, otros han escarnecido la opción sexual de una compañera y todo ello desde la impunidad que proporciona un cuartel y unos calabozos que dificultan el llegar a conocer la extrema gravedad de alguno de sus actos. Mientras muchos ciudadanos se ven maltratados por pequeños incumplimientos como llevar la mascarilla descolocada o retrasarse unos minutos en el toque de queda. Las quejas de los palmesanos se extienden también a la falta de consideración, de respeto y a la chulería con que tratan al ciudadano, cuando se produce una infracción de tráfico, o cualquier otro incidente aunque sea de menor importancia.

El problema viene de lejos, del periodo del alcalde Isern por su débil gestión al frente del Ayuntamiento, por haber nombrado jefes que han acabado ante la justicia y por no entrar en este terreno de podredumbre porque seguramente le podría haber acarreado problemas personales. Aprovechándose de esta situación estos policías corruptos se crecieron y se creyeron intocables. Han amedrentado a propietarios de bares, restaurantes, salas de fiestas, exigiendo dádivas y si no se la entregaban les cerraban el negocio. ¿En qué ciudad estamos si quienes tiene que cumplir la ley y hacerla cumplir se dedican a delinquir? El Ayuntamiento de Palma tiene un cáncer y debe extirparlo. Parece que el actual Jefe de la policía local es un profesional de buena voluntad que quiere erradicar toda la porquería que se ha encontrado, no lo tiene fácil. La Justicia tiene varios sumarios abiertos contra algunos números, pero mientras, siguen campando a sus anchas y celebrando festejos y agasajos a quienes están a punto de ir cumplir condena, saltándose el toque de queda, el número de invitados y todo ello dentro del propio cuartel. ¿A cuántas personas han sancionado y detenido por estar reunidos en grupo sin hacer daño a nadie? La ley no rige para esos policías, pero sí para el resto de los ciudadanos a quienes la aplican a su libre albedrío. Esto es grave. En otros países el ver un policía la mayoría siente tranquilidad, piensa que se encuentra ante un amigo, aprecia seguridad y, piensa que será protegido, si fuese necesario; en Palma la gente siente miedo.

Diario de Mallorca publicaba un editorial el pasado día 25 de abril titulado El coto irregular de la policía de Palma, en él se explican las relaciones de la policía con los llamados «ángeles del infierno», con Cursach, agentes con condenas firmes y acceso prohibido al Cuartel celebrando una fiesta con un numero amplio de funcionarios, fuera del horario permitido y algunos ya condenados por torturas, un largo etc. de vergüenzas incompatibles con un estado de derecho. El alcalde Hila dice estar desinformado, pero no lo está Diario de Mallorca que relata la situación con pelos y señales. ¡Lea Sr. Alcalde el editorial e infórmese! Y tome medidas imprescindibles y drásticas. Estamos convencidos no obstante, que debe haber miembros del cuerpo honorables y, seguro que están sufriendo el descrédito general de la Policía Local.

Compartir el artículo

stats