Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Atención Primaria: El abismo de la teoría a la práctica

En teoría, la declaración de la OMS de Alma Ata en1978 proponía un modelo centrado en la comunidad, basado en la prevención, tratamiento, rehabilitación y promoción de salud, la reciente declaración de Astaná reafirma estos principios pero de una forma más descafeinada, si se nos permite el término. En el 2019, dentro del Marco Estratégico consensuado en el Consejo Interterritorial de Sanidad, se establecieron seis estrategias, pero sin un marco presupuestario, que en teoría llevarían a mejorar la atención Primaria en nuestro país.

¿Pero qué ocurre en la práctica? Lamentablemente hoy la Atención Primaria es un modelo sin el liderazgo que se pretendía, con infraestructuras en algunos casos obsoletas, con poca inversión en tecnología, infrafinanciada, sostenida por la precariedad laboral y los bajos sueldos, sobre todo de los facultativos, y con escasa coordinación con otros niveles asistenciales.

En teoría documentos grandilocuentes, que ensalzan un modelo que, en la práctica año a año, y especialmente agravada por la pandemia, la Atención Primaria se desmorona como una castillo de naipes. Sobre el papel, que todo lo aguanta, una importante organización, en la realidad un enfermo en la UCI sin medios para remontar, porque se le niega un presupuesto suficiente y sin tan necesaria financiación seguirá agonizando hasta consumirse.

La atención primaria se ha definido cómo la puerta de entrada al sistema sanitario, puerta que desde hace año y medio se ha tornado en un teléfono, pero como no se dispone de líneas telefónicas suficientes, se convierte en un embudo que se atasca constantemente porque no puede soportar tanto flujo. Puerta que tampoco puede estar abierta de par en par porque no se permiten las aglomeraciones en las salas de espera como antes de la pandemia, y aun así nos falta espacio para albergar a los pacientes que estamos citando y atendiendo en nuestros centros de salud.

Nos explican que la atención primaria son los fabulosos recursos humanos que la componen; profesionales que, al ser insuficientes para tanta demanda a causa de la larga pandemia sumada a las necesidades de los pacientes, han pasado en algunos casos, y en menos de un año, de ser aplaudidos a ser vilipendiados, amenazados o agredidos. Hombres y mujeres que se dejan la piel cada día, y que se esfuerzan en dar lo mejor de sí mismos a sus pacientes; por cumplir con el mandato de los gestores que son los artífices de esas agendas infinitas, que llevan a consultas saturadas que hacen que se resienta la calidad asistencial o aumente el burnout galopante entre los profesionales. Ya lo reclamó el presidente de SIMEBAL en sede parlamentaria.

En un reciente artículo publicado en una prestigiosa revista, se explicaba la correlación entre el número de médicos de familia en una zona y la esperanza de vida, a más médicos más y mejores años de vida para la población. Pero en Balears nos faltan 350 médicos de familia y tenemos que contratarlos ¿cómo? Consiguiendo que los que están se queden y creando unas condiciones de trabajo dignas para atraerlos. Formar a un médico de familia requiere un mínimo de 10 años y superar un examen realmente complejo. Si tras esto en tu región te ofertan un contrato precario, unas condiciones de trabajo de dudoso atractivo y un sueldo ínfimo comparadas con las condiciones que te ofrecen en los países del entorno, se entenderá por qué emigran los médicos.

Ahora se habla de la Atención Primaria, pero no por su trabajo diario y su saturación constante, sino porque en los hospitales se desbordan puntualmente las urgencias. Si en Atención Primaria, lugar donde se resuelven el 80 por ciento de los problemas de salud no hay recursos suficientes para abarcarlos, se trasladan a los siguientes niveles, se cumple el principio de los vasos comunicantes, y cuando se llenan los vasos, el líquido rebosa.

Como decíamos al principio vamos a la práctica. Necesitamos inversión en Atención Primaria. El voluntarismo y el buenismo, los planes sin presupuesto, no dotan de más y mejores recursos materiales ni atraen nuevos médicos a nuestra comunidad autónoma. Según datos del El Confidencial, la CCAA de Madrid seguido de Illes Balears son las que menos invierten de todo España en Atención Primaria.

¿Para qué vamos a abrir la puerta de entrada al sistema sanitario, si detrás de la puerta no hay nadie para recibirte? ¿Por qué el Govern no empieza a demostrar que apuesta por la Atención Primaria y contrata al menos una gran parte de los 350 médicos que reivindicó en sede parlamentaria el presidente de SIMEBAL? ¿Acaso no hay entre los muchos millones que vendrán de Europa dinero para contratar personal sanitario?

Pueden estar seguros los ciudadanos que con esa urgente e imprescindible medida mejoraría la calidad del servicio a los pacientes y no se saturarían las urgencias tanto en primaria como en los hospitales. Las víctimas de un modelo de Atención primaria insolvente por déficit de médicos son ellos mismos y sobre todo los pacientes, ya que se pone en riesgo de quiebra la relación y la alianza terapéutica entre ellos, generándose un deterioro de la calidad asistencial, malentendidos, conflictos. Hay que reconocerlo los médicos de la Atención primaria están trabajando actualmente en un contexto generador de muchos conflictos éticos. Hoy la Atención Primaria en Balears es un factor de burnout cuya consecuencia más grave es su potencial deshumanizador.

¡En teoría tanto, en la práctica tan poco! En beneficio de todos los ciudadanos hagamos una apuesta por una Atención Primaria solvente y démosle la vuelta a la tortilla. Ya saben, en derrota transitoria pero nunca en doma.

Compartir el artículo

stats