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Sol y sombra

El “cordón sanitario”

La ministra portavoz del Gobierno ha acusado al Partido Popular de ignorar el “cordón sanitario” a Vox, porque según ella necesita su apoyo. No es una evidencia pero puede que así sea. El problema de acorralar a la ultraderecha, la derecha nacionalista, o como se quiera definir al partido de Abascal, viene cuando lo plantea en esos términos un Gobierno del que forma parte la extrema izquierda o la izquierda populista de este país, y que, además, se ha servido puntualmente de los apoyos del nacionalismo independentista y de los cómplices de la banda terrorista ETA, que liquidó con bombas y tiros en la nuca a más de ochocientos seres humanos y causó cientos de víctimas durante los años de plomo de la historia más reciente de España. Todavía demasiado cercanos para habernos olvidado de ellos.

No comparto ni me gustan los planteamientos groseros y altisonantes en cuanto a inmigración de Vox. Ni muchos otros que defiende y predica. Pero tampoco las reiteradas agresiones a la Constitución, las amenazas a los jueces y a los periodistas, o el desafío permanente antisistema del partido de Iglesias. El peligro en todo caso viene de los dos extremos, y más aún si me apuran del que tiene mayores posibilidades de esgrimirlo.

Pero tanto la ultraderecha española, que por mucho que se empeñen no es el Partido Nazi, como la ultraizquierda, que tampoco representa por ahora la amenaza del estalinismo soviético, han sido votadas por parte de los españoles y tienen el derecho a ser escuchadas en una sociedad democrática. Precisamente, los valores democráticos por los que la izquierda clama frente a Vox empiezan por permitir que el adversario pueda expresar sus ideas sin necesidad de tener que ir a la guerra. No existe democracia sin tolerancia. Y sin tolerancia no hay convivencia posible. La reiterada apelación al “cordón sanitario” cada vez que a alguien se le antoja –suelen ser siempre los mismos– me parece un disparate y una indecencia desde su mismo enunciado. 

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