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Joaquín Rábago

Madrid fagocita los recursos de otras regiones

El grupo de estudios autodenominado Economistas frente a la Crisis ha publicado un lúcido y, en mi opinión, certero análisis del modelo de desarrollo que busca imponer el PP a partir de Madrid.

Se trata de una excelente radiografía de los problemas que se derivan de una España excesivamente centralista que se dedica sistemáticamente a «fagocitar» recursos de las otras regiones.

Con su apelación insolente a la libertad, entendida en su sentido neoliberal más egoísta, el PP de Isabel Díaz Ayuso trata de maquillar un «modelo de metropolización centralista que succiona negocios, rentas y talentos» del resto de España. Es el de la Comunidad de Madrid un modelo de crecimiento que tiene, explica ese grupo de economistas, «claros tintes extractivos» de los recursos de otras comunidades, y que se basa en «lógicas económicas, privilegios institucionales y un dumping fiscal», del que incluso se vanagloria su fatua presidenta.

No es un proceso exclusivo de Madrid, que lo comparte en mayor o menor grado con otras capitales europeas, aunque en países federales como Alemania, las instituciones están mejor repartidas geográficamente. Por poner un ejemplo, en aquel país, el Tribunal Constitucional no está en Berlín, sede del Gobierno federal, sino en una ciudad mucho más pequeña como es Karlsruhe, algo que sería digno de imitación en España.

Cuando Díaz Ayuso dice que «Madrid es España», señalan esos economistas, lo que hace es «reivindicar un modelo de crecimiento que tiene tintes claramente extractivos de los recursos de otras comunidades autónomas». Así, cuando hablamos de la España vacía o vaciada, no tendríamos que referirnos solamente a la despoblación de la España rural, argumentan, sino que ese proceso afecta también a ciudades que son otras tantas cabeceras del desarrollo regional. Así, en las dos últimas décadas, explican, se ha triplicado el flujo neto de población de ciudades como Valencia y Sevilla en dirección a Madrid y se ha duplicado el de Zaragoza o Pamplona en el mismo sentido.

Ocurre además que el vaciamiento de todas esas regiones no tiene que ver, como ocurría en el pasado, con una población mayoritariamente campesina y con pocos estudios, sino que afecta cada vez más a jóvenes altamente cualificados.

Se trata, esto es, de una importante fuga de cerebros en el interior mismo del país, similar en cierto modo al que se produce en el mundo en desarrollo en relación con los países ricos. Y lo que es igualmente grave, se da además una «lógica perversa» según la cual cuanto más gastan otras comunidades en formar a sus jóvenes, mayor es la fuga hacia Madrid, que no duda en fagocitarlo todo.

A lo cual hay que añadir tanto los privilegios que supone la capitalidad, como es la concentración en ella de 150.000 funcionarios estatales, con la ventaja añadida de que el 59 por ciento de los contratos públicos adjudicados entre 2012 y 2019 lo hayan sido a empresas radicadas en Madrid. La gran paradoja de ese modelo, concluye Economistas frente a la Crisis, es que ese «modelo extractivo» es incapaz de «aumentar la renta per cápita de sus ciudadanos».

No obstante el tamaño de su economía, de su peso en el PIB nacional y de la alta retribución de los profesionales asociados al sector servicios de elevada productividad, «la desigualdad que comporta impide un crecimiento de la renta per cápita como promedio». La explicación, se argumenta en el análisis, es que se trata de un modelo que «requiere a su vez servicios de baja productividad» como los asociados al ocio y los cuidados, donde son mayoría los trabajadores precarios y muy mal remunerados. España periférica, ¡alerta!

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