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Diario de Mallorca

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Bernat Jofre

Fútbol: el debate sigue abierto

«Aquel que más posee, más miedo tiene de perderlo» (Leonardo Da Vinci, artista e inventor renacentista)

Al fin daban el paso. Una vez elegidos los presidentes de los - quizás - dos últimos en manos de sus socios, los grandes clubes europeos descubrieron sus sotto voce conocidas cartas. Básicamente, y pese a las apariencias, para dar mayor relevancia a los reales protagonistas del «show business» en que se ha convertido el deporte en general. En este caso, el fútbol y los futbolistas. Que son los que llenan los estadios, venden camisetas y alimentan las ilusiones de centenares de millones de personas. Pero Europa no es América. O la Asia de sus super profesionalizadas «SLeagues». Lo que ha acontecido con la no nata Superliga es un fiel reflejo de la inferioridad europea frente al resto del mundo. O de cómo nuestra pretendida riqueza - la pluralidad cultural - se ha tornado como un arma de doble filo. Efectivamente, hemos asistido a un vergonzante espectáculo de presiones políticas para anular una iniciativa privada. Tan legítima en su existencia como la de los Tribunales del Deporte, siendo sinceros. Cancilleres europeos llamando a ciertas monarquías del Golfo recordando convenios bilaterales, el precipitado envío a ciertos clubes alemanes de la tantas veces aplazada reforma de la Champions, la evidente manipulación a que han podido ser sometido los «fan club» desde la FA o Federación Inglesa de fútbol... Todo ha valido. Por cierto: de no haber habido un anuncio de Superliga de por medio, muy probablemente la citada reorganización de la Champions hubiera dormido algún tiempo más en el cajón. Nicola Maquiavelo («el fin justifica los medios») ha ganado y se ha optado por dejar las cosas como estaban: con unas Federaciones arcaicas y obsoletas. Normalmente alejadas de la realidad de los clubes, quienes son al fin y al cabo los motores del negocio. Quizás las formas de Florentino Pérez no hayan sido las mejores. Es probable que el momento elegido, tampoco. Pero es evidente que el mundo del deporte ( y del fútbol en particular) debe modernizarse y democratizarse. Si en los Estados Unidos de los años cincuenta del pasado siglo hubiera habido la misma mentalidad que en la actual Europa, no tendríamos el espectáculo que nos ofrecen sus principales competiciones. Es curioso comprobar que a los deportistas europeos - Josep Guardiola, sin ir más lejos - les gusta la liga de baloncesto norteamericana, la NBA. Pero a la hora de interpretar sus principios en el fútbol del Viejo Continente, tuerzan el gesto. Haya o no Superliga europea, lo evidente es que tanto UEFA como FIFA deben reflexionar muy seriamente sobre el futuro de su relación no ya con los grandes clubes, sino con los clubes en general. Y es que son todos ellos los que hacen universal este deporte. Pagando muy generosamente a las estrellas mundialmente conocidas o a figuras locales. Han ganado los despachos, pero no necesariamente ni el espectáculo ni el fútbol.

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