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Ramón Aguiló

Escrito sin red | Más madera, más expertos

El pasado martes se reunió nuevamente la trascendental Comisión Técnica de Memoria y Reconocimiento Democráticos, a petición de Cort, para revisar el censo de simbología franquista en el que se incluían los nombres de los almirantes Churruca, Gravina y Cervera, el de la ciudad de Toledo y el de Rabassa, homenajeado hace pocos años por el mismísimo ayuntamiento de Palma. En la reunión, a la que asistieron el vicepresidente Yllanes, el alcalde Hila, Jesús Jurado y Llorenç Carrió, se acordó nombrar una nueva comisión de expertos que asumiera la responsabilidad de la revisión. Jurado quiso hacer constar la labor «impagable» de los tres historiadores que habían asumido la ímproba tarea de confeccionar el censo. Si la labor ha sido impagable no se entiende que encarguen el trabajo a otros expertos. Quizá sea debido a que los tres historiadores no estén por la labor de reconocer errores en su trabajo, como en algún caso ha parecido, y se hayan declarado defensores de lo indefendible. Esos defensores de lo que a todas luces no se puede defender, demuestran con su actitud berroqueña su anclaje y determinación ideológicas, que nadie puede poner en duda, aunque, desde otro punto de vista, no sólo demuestran cerrazón en su «sostenella y no enmendalla», sino que también demuestran una preocupante incuria en su poco respeto a la inteligencia de los ciudadanos. A veces a los ciudadanos no les queda otra que tragar los sapos de la política, pero cuando se trata de comulgar disparates como ruedas de molino se atoran las gargantas y los ciudadanos no tragan.

Causa una cierta perplejidad el que se derive hacia otra comisión de expertos la revisión. Ya se sabe que cuando los políticos no saben qué hacer con alguna «patata caliente» apuestan por nombrar una comisión que les saque las castañas del fuego o para que el tema se pudra. En este caso, cuando la primera comisión no les ha resuelto los problemas, sino que les ha creado otros nuevos, en lugar de tomar una decisión que sólo les compete a ellos, pues no es la de los nombres una cuestión técnica, sino política, nombran otra comisión para intentar escurrirse de sus propias responsabilidades. En este punto hay que seguir focalizando la situación, no en ningún grupo de expertos sino en quienes mandan, los políticos. Los principales responsables: Armengol, Yllanes, Fina Santiago. Si aceptaran, sin más, rectificar lo que a todas luces es un error de apreciación que sólo se explica por cerrazón ideológica, se enajenarían a cuantos participan de esa cerrazón, que pueden ser numerosos, tanto en el PSOE, como en Unidas Podemos, como en Més.

Las cerrazones políticas e ideológicas no son patrimonio de la izquierda o de la derecha. Hay múltiples ejemplos de cerrazones. Por ejemplo, la del PP, Rajoy, Aznar y compañía afirmando que nunca hubo contabilidad B en el partido popular; o que quienes mandan en el PP no mandan en la gestión económica; quienes mandan son unos mandados que no responden ante quienes les nombran. Esas incongruencias, esas cerrazones, que para cualquiera con dos dedos de frente no son sino la defensa de lo indefendible frente a eventuales condenas, al tener éxito en los procedimientos judiciales, no hacen sino deteriorar aún más si cabe el sistema político. Son otra tomadura de pelo a los ciudadanos.

Si rechazaran, sin más, rectificar los errores apuntados, se enajenarían a cuantos piensan que esas historias nos han dejado en ridículo ante toda España y que la contumacia en mantener el disparate es el signo inequívoco de la cerrazón, el sectarismo y el maniqueísmo de una izquierda anclada en el rencor, en el resentimiento y en el odio; una izquierda que con sus obsesiones pretende deslegitimar los esfuerzos de la Transición (con sus luces y sus sombras) para conseguir la reconciliación entre todos los españoles, entre la izquierda y la derecha. No solamente es aconsejable, sino también exigible al Estado, recuperar la memoria y los restos de las víctimas del bando republicano que, al contrario que las del bando franquista, no han sido honrados ni recuperados en su mayoría; pero no comparto en absoluto los intentos de una parte de la izquierda de revivir enfrentamientos de hace más de ochenta años, como si se intentara revertir el resultado de la Guerra Civil, casi un siglo más tarde.

Todo lo que está pasando, de lo cual lo de los nombres que tratamos es un epifenómeno, es un síntoma más del deterioro del sistema político en España. Al estar bloqueada por los partidos cualquier iniciativa esclarecedora, sea un referéndum para decidir con plena soberanía sobre la monarquía, sea una reforma constitucional, para conseguir una auténtica división de poderes, para eliminar la inviolabilidad del Rey, para redefinir el papel de los partidos, porque conduciría inexorablemente a modificar el estatus partidario, que es el auténtico nudo gordiano que impide la renovación del sistema político, que se asemeja a una olla a presión sin válvula de seguridad. Cuando la olla está sobrecalentada, produce descargas que rebajan la presión a través de estallidos en las juntas que provocan el deterioro del material, como fue el caso del 15M o la abdicación de Juan Carlos I, pero no permite el funcionamiento regulado del mecanismo. Lo grave es que parece que los partidos, en defensa de lo suyo, de los recursos que extraen de la sociedad («qué hay de lo mío»), están dispuestos a seguir parcheando la olla, un remache aquí, un remache allá. Antes que rehacer el sistema estableciendo válvulas de seguridad, que por su propia razón de existencia obligan a revisar todo el diseño de la olla, prefieren mantener el artefacto en su concepción actual. El peligro, como es obvio, es que un próximo estallido no se limite a incrementar el deterioro paulatino del material, sino que se convierta en una verdadera explosión que se lo lleve todo por delante, a los ciudadanos también. En ese caso seguro que intentarán también justificarse; dirán «tener razón antes de tiempo es estar equivocado». Será tarde para todos ellos. Serán otros los que deberán reparar todo el estropicio.

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