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Tribuna

Gerardo María Thomàs y l’Estudi General Lul·lià de Mallorca

La polémica sobre el cambio de nombres de las calles de Palma

Hace ya más de tres años, el 19 de octubre de 2017, y a raíz de la publicación de un artículo en este Diario sobre Gabriel Rabassa, publicamos una carta al director en la que, en tanto que hijas e hijos de quién fuera primer rector de l’Estudi General Lul·lià (EGL) de Mallorca, Gerardo María Thomàs, manifestábamos nuestra sorpresa y estupor por la omisión de su nombre y memoria en un texto dedicado a los orígenes de la enseñanza universitaria en las Islas Baleares. Un texto en el que no se le mencionaba en absoluto, atribuyendo el mérito de la restauración de dichos estudios en el Estudi General Lul·lià a Gabriel Rabassa, secretario general de dicha institución.

A raíz de la reciente polémica sobre el cambio de callejero de Palma en aplicación de la Ley de Memoria ha surgido de nuevo la cuestión de la restauración de los estudios universitarios en las Islas y hemos podido leer una repetición de la atribución del mérito de la misma para el Sr. Rabassa. Ello nos lleva a tener que reiterar, en honor a la verdad histórica, la intervención fundamental que el Rector Gerardo María Thomàs tuvo en la creación de dichos estudios, así como en la de la Cátedra Ramón Llull y de los Estudios para Extranjeros en l’Estudi General Lul·lià. Tal labor fue continuación de restauración de la institución del EGL, conseguida por él en su época de subjefe provincial del Movimiento, así como de decisivas ayudas financieras privadas en la restauración física del edificio, que igualmente nuestro padre gestionó. Tras ser cesado de su cargo, continuó como Rector, trabajando en pro del regreso a Mallorca de los estudios universitarios al frente de un Consejo Rector en el que figuraban intelectuales de reconocidísimo prestigio y ninguna vinculación con el Movimiento como Joan Pons i Marquès, Francesc de Borja Moll, Josep Font i Trías y otros. A la labor de todos ellos se debe lo logrado y nos parece como mínimo inadecuado atribuir todo el mérito a quién ejercía de secretario general. Aún no se ha escrito la historia de l’Estudi General Lul·lià en su etapa contemporánea, pero existen fuentes diversas para reconstruirla, entre ellas la propia colección de este Diario, que ofreció en su momento amplísima información sobre la restauración de los estudios universitarios en las islas, así como, posteriormente y tras el fallecimiento de nuestro padre, sobre el homenaje que el Rector Gabriel Oliver le ofreció en la propia sede en presencia de nuestra madre Àngela Andreu i Alcover. Igualmente existen referencias a lo acontecido en obras recientes, como la de Román Piña Homs sobre la UIB.

De la misma manera, nos ha sorprendido ahora leer cómo el mérito de la creación del Museu Marítim es atribuído al Sr. Rabassa, cuando nos consta la iniciativa y gestión del mismo por parte de nuestro padre en su etapa de subjefe… así como el que toda la colección de efectos navales de nuestra familia constituyese una parte central de sus fondos por cesión expresa de nuestro padre en el momento de su fundación.

No es nuestra intención valorar si el Sr. Rabassa merece tener una calle en Palma o no, como tampoco lo es valorar otros aspectos de su trayectoria ligados a la Escuela de Hosteleria o a la fundación de l’Associació d’Amics dels Molins -que, leemos, mereció que se le premiase por una asociación del prestigio de ARCA-. Sí, en cambio, lo es cuestionar una atribución de méritos basada en una versión sesgada de la historia de l’Estudi General Lul·lià de Mallorca o del Museu Marítim que atribuye al Sr. Rabassa unos méritos exclusivos que creemos no se corresponden con la verdad histórica.

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