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tribuna

Turquía: sin convenio y sin silla

El pasado 8 de marzo, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, hacía un firme alegato a favor de la igualdad entre mujeres y hombres. En tan emblemática fecha, se comprometía con hacer de este año, el año en el que las políticas de igualdad estarán en el centro de la agenda europea, poniendo encima de la mesa los temas que Europa debe abordar, tales como la desigualdad salarial, las políticas de conciliación o las violencias que sufren las mujeres. El pasado 20 de marzo, Turquía anunció su retirada del Convenio del Consejo de Europa para la protección de las mujeres, conocido como el Convenio de Estambul. Esta semana, en la visita de la delegación de la UE a Ankara, el protocolo turco relegó a la presidenta de la Comisión Europea a una posición secundaria en la reunión que ella y el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, tuvieron el martes con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan. Los dos hombres ocupaban una posición central y la presidenta de la Comisión fue enviada a un sofá. El presidente turco rebajaba así en el protocolo a la presidenta de la Comisión Europea de manera inexplicable demostrando un desprecio hacia la UE y hacia las mujeres. La imagen ha despertado indignación porque viene precedida de una decisión que perjudica a las mujeres. ¿Por qué ese trato a la máxima autoridad de la Comisión Europea? Pero también ¿Por qué esa descortesía por parte del presidente del Consejo que debió ofrecerle su silla no por cortesía, sino como reivindicación? Y es que las imágenes y los actos cuentan tanto o más que las palabras…

Es conveniente recordar que el Convenio de Estambul es una convención del Consejo de Europa que tiene por objetivo la lucha contra la violencia contra las mujeres y las niñas. Se presentó en Estambul en 2011 y está en vigor en Europa desde el 1 de agosto de 2014. En 2019, fue firmado por 46 países y ratificado por 34. Nuestro ministerio de Asuntos Exteriores ha lamentado la decisión de Turquía ya que se trata del primer y principal instrumento vinculante de carácter multilateral para luchar contra la violencia contra las mujeres. Como afirma la secretaria general del Consejo de Europa, Marina Pejcinovic, «el Convenio de Estambul está considerado como la referencia de los esfuerzos internacionales para proteger a las mujeres y las niñas de las violencias a las que diariamente se enfrentan en nuestras sociedades». Y es que el Convenio contempla como delito todas las formas de violencia contra las mujeres: la violencia física, psicológica y sexual, incluida la violación, la mutilación genital femenina, el matrimonio forzado, el acoso, el aborto forzado, así como la esterilización forzosa e implica que los países firmantes se comprometen a introducir en sus sistemas jurídicos estos delitos de manera progresiva.

La decisión ha causado sorpresa –cólera entre muchas mujeres turcas- porque, aunque la retirada ya fue anunciada el pasado verano, se ha llevado a cabo mediante un decreto presidencial por parte del primer país firmante; ha causado preocupación porque supone un paso atrás en los esfuerzos de la comunidad internacional para proteger a las mujeres en Europa y en Turquía, país donde han sido asesinadas 300 mujeres en 2020. Podría además sentar un precedente negativo como afirma el Alto Representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, ya que: «Esta decisión envía un mensaje peligroso para todo el mundo». Turquía, fuera de la UE y dentro del Consejo de Europa, mantiene con el territorio europeo una Unión Aduanera, vigente desde 1996, que permite comerciar productos de ambos lados sin pagar aranceles. Las relaciones entre la UE y el país euroasiático son ciertamente difíciles y complejas. Considerado la puerta de Europa, es un país al que necesita como un socio crucial para la gestión de los flujos migratorios, y con el que mantiene fuertes lazos comerciales, además de ser un socio de la Alianza Atlántica.

Hay quienes ven la misma lógica en el desplante hacia la mandataria europea y en dejar el Convenio de Estambul. Era una señal y una escenografía porque Von der Leyen pidió expresamente que se revierta la decisión de salir del convenio europeo, además de otros asuntos. Lara Villalón, en su artículo de EuroEfe: «La salida de Turquía del Convenio de Estambul, un guiño a los ultraconservadores» observa, detrás de la retirada, una estrategia electoral para buscar apoyos de los sectores islamistas que critican, por ejemplo, el Convenio por normalizar la homosexualidad, incompatible con los valores sociales y familiares de Turquía. Aunque la homosexualidad no es ilegal en Turquía, la comunidad LGBTQ es objeto de ataques por parte de simpatizantes ultraconservadores.

¿Cuál es el destino de las mujeres en el ámbito europeo? Un ámbito que debería exceder los límites de la UE ya que lo que ocurre en países «vecinos» a la UE, es de especial relevancia. Hoy, la noticia está en Turquía, pero dentro de la Unión Europea, Polonia ya amenazó el pasado verano con hacer lo mismo, y está practicando políticas de regresión en lo referente a los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres como escribí en este diario hace unas semanas. Los partidos conservadores están creciendo en Europa y han hecho de las mujeres y de los colectivos LGTBI+ el blanco perfecto. ¿Cuál será la respuesta y las líneas rojas de una Europa que reivindica la igualdad y los Derechos Humanos como valores fundamentales y los ha convertido en una de sus señas de identidad? No hay organización mundial tan importante como la UE y que haya supuesto tantas oportunidades para la ciudadanía. Se enfrenta a muchos y variados desafíos de manera transnacional: la Unión sanitaria, la Unión de la recuperación económica o la Unión ante el reto climático que hará una Europa verde, sostenible y climáticamente neutra. A ellos, se ha de sumar la Europa de la igualdad, capaz de conseguir erradicar las violencias que, a diario, sufren las mujeres.

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