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Ramón Aguiló

Escrito sin red | La confusión planea sobre la pandemia

Las noticias de hasta 62 casos de trombosis venosas cerebrales en el mundo, incluyendo 44 casos en los 30 países del Espacio Económico Europeo tras 92 millones de dosis de la vacuna de AstraZeneca, que supusieron 14 decesos, tensionaron de tal manera a la opinión pública que obligaron a la mayoría de países europeos a suspender la inoculación de la misma. En Alemania 31 casos, con 9 decesos, de un total de 2,8 millones. En Francia 12 casos, 4 decesos tras 1,9 millones de dosis. En Noruega 5 casos, 3 fallecimientos por 120.000 dosis. En el Reino Unido 30 casos por 18,1 millones de dosis, la mayoría en personas menores de 65 años, mujeres en su mayoría. En España 4 casos están confirmados. Después de una reevaluación por parte de la Agencia Europea del Medicamento (EMA) se reafirmó la seguridad de la vacuna, la no probada relación con las trombosis y se reiteró el brumoso mensaje de que sus beneficios son superiores a sus riesgos. La mayoría de los países, al rebufo del pronunciamiento de la EMA reanudaron la campaña de vacunación cambiando en algunos casos el tramo de edad, aplicándola a mayores de 65 años, como es el caso de Alemania. Algunos no, como es el caso de Noruega y Dinamarca, a los que se sumó Países Bajos.

El pasado martes 6 de abril, el responsable de la estrategia de vacunas de la EMA, Marco Cavaleri, afirmó a un diario italiano que «hay un vínculo ‘claro’ entre la vacunación con AstraZeneca y casos muy raros de trombos; que todavía no sabemos qué causa esta reacción». El total de 44 casos de trombosis venosa cerebral citados anteriormente no incluye todos los 31 casos notificados en Alemania que supusieron 14 muertes. El miércoles 7 de abril la EMA admitió, por primera vez, que los trombos son efectos secundarios muy extraños de la vacuna, atribuidos al sistema inmunitario, dando la razón a Cavaleri después de examinar 169 casos de trombosis cerebrales y 53 abdominales. ¿Cómo era posible que la EMA entrara en conflicto con su propio responsable de la estrategia de vacunación? Se daba la apariencia de contradicción entre un órgano «político» y un responsable «técnico» y alimenta la conjetura de que el organismo impulsa la vacunación con AZ bajo la única consideración de que los beneficios globales superan los perjuicios de las muertes. Esta conjetura explica la continuación de la vacunación, pero pone en cuestión la seguridad de la vacuna puesto que, aunque la proporción de fallecidos sea pequeña, está por ver que reúna los estándares de seguridad debidos. Ante la afirmación de que los beneficios son superiores a los riesgos, casi es obligado preguntar: ¿cuáles son los riesgos o cuántas las muertes que deben ser aceptadas para contraponer a los beneficios? Y ante esta lógica pregunta nadie responde, ni la EMA. Lo seguro es que para el que va a morir no hay beneficio que compense su muerte. Esa fórmula no sirve para tranquilizar a la población. Lo normal sería que se priorizaran otras vacunas que no comporten los riesgos de AstraZeneca. Si en otros países como Francia y Reino Unido, los primeros ministros se han inoculado la vacuna anglosueca de Oxford para dar ejemplo de confianza en su seguridad, en España se deja notar la incomparecencia de Sánchez que, amparándose en que por su edad no le ha llegado el turno, se escaquea de la responsabilidad de dar seguridad a la población con el ejemplo de inyectársela; quizá es que no confía en ella.

Otro elemento importante de confusión durante la pandemia son las prerrogativas del poder político. El vídeo de la irrupción de la policía en una vivienda donde presuntamente se realizaba una fiesta ilegal es una prueba de la arbitrariedad del poder y de cómo se vulneran por parte del gobierno los derechos fundamentales de los ciudadanos. La declaración del estado de alarma puede, de acuerdo con la ley del estado de alarma, excepción y sitio, limitar algunos derechos fundamentales, como el de la libre circulación de personas o vehículos, pero no ampara en absoluto la derogación, ni siquiera temporal, del artículo 18.2 de la Constitución, que precisa que «El domicilio es inviolable. Ninguna entrada o registro podrá hacerse en él sin consentimiento del titular o resolución judicial, salvo en caso de flagrante delito». Sólo lo posibilita el estado de excepción. Las argumentaciones provenientes del ministerio de Interior para justificar el derribo de la puerta de un domicilio por la policía no se sostienen. La acusación de delito flagrante y la no consideración de domicilio para un llamado piso turístico no son sino el frangollar de un ministro Marlaska deslegitimado de su función, tanto por el episodio de la patada a la puerta como por sus mentiras sobre la destitución (anulada por la Audiencia) del coronel Pérez de los Cobos por no informarle de una investigación judicial por la que debía guardar secreto. La policía debía agenciarse una orden judicial o bien, como en otros casos, aguardar pacientemente la salida de los fiesteros para sancionarles. Marlaska debería haber dimitido ya o ser cesado por Sánchez. Al revés, ha tenido su apoyo. Lo que cuestiona al propio Sánchez, que ya ha sido señalado como el origen de la destitución de Pérez de los Cobos.

La confusión también nos alcanza a cada uno de nosotros. Desde Einstein sabemos de la relatividad del espacio y el tiempo. Creía el hombre en la inmutabilidad del tiempo absoluto del universo. Ahora también sabemos que su percepción es diferente entre los distintos seres. El tiempo de un insecto es distinto y transcurre más rápido que en un humano, más rápido a su vez que en un quelonio como la tortuga. El paso del tiempo es distinto en un joven que en un anciano. A mí me parecen una eternidad esos trece meses de falta de relación social, sólo interrumpidos por los episodios de avituallamiento. Pero, al mismo tiempo que deploro el enclaustramiento y la pérdida de más de un año de mi vida (¿cómo lo experimentará una persona joven?), a falta de acontecimientos relevantes en la vida personal, excluyendo las noticias, básicamente centradas en la pandemia, y el entretenimiento televisivo, parece como si no hubiera pasado nada, como si el tiempo hubiera transcurrido en un santiamén, como si no se hubiera vivido, como si se estuviera en un limbo existencial. Los psicólogos alertan de una confusión que desestabiliza nuestra salud mental.

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