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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Ayuso independiza a Madrid de España y Europa

Desde Rusia con amor, así quiere Díaz Ayuso que llegue la vacuna Sputnik. Isabel de España es lideresa incontestable de la derecha, la que desde Madrid procura por el bienestar de todos

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso

Quién lo iba a pensar, ni prospección extravagante, pronóstico estrambótico, hubiera anticipado lo que acaba de salir de la Puerta del Sol y publicaba ayer el diario monárquico ABC: Isabel Díaz Ayuso dispuesta a negociar con Vladimir Putin, autócrata de todas las Rusias, hombre de mirada gélida, sin alma, como lo cataloga el presidente Biden, asesino sin escrúpulos, que la vacuna Sputnik sea administrada en España. La negociación ha corrido a cargo de su consejero de Sanidad, un tal Escudero, conmilitón de la extrema derecha madrileña, político conocido por su desmedido interés en privatizar todo lo público que se pone a su alcance. Es sabido que la vacuna rusa no ha sido autorizada por la Unión Europea, que son los estados, no las regiones, quienes pueden adquirir las dosis. En Europa solo el Gobierno de extrema derecha de Hungría, el de Viktor Orbán, tan querido por el PP, inocula la Sputnik a sus ciudadanos. A Díaz Ayuso esas menudencias no la intimidan: llega dispuesta a salvar a España del comunismo, el separatismo y los bilduetarras. Le ha dicho a Pedro Sánchez, mirándole a los ojos, que se verán en las urnas. Angel Gabilondo no existe. Pablo Iglesias ha dejado de interesar. La suya es confrontación directa con el presidente del Gobierno. El desvaído Pablo Casado queda más jibarizado, si cabe. No nos llamemos a engaño: Díaz Ayuso, quienes la asesoran, ahí está el asesor de comunicación de José María Aznar, Miguel Ángel Rodríguez, trumpista de rompe y rasga, saben lo que están haciendo, dónde se juega ahora la partida y cómo hay que plantearla. Si no hay sorpresas, que puede haberlas (el CIS las insinúa), el cuatro de mayo saldrá de las urnas madrileñas Juana de Arco dispuesta a reconquistar España para la causa de la patria eterna.

Durante el franquismo, en la década de los años 60, en los libros de Historia del Bachillerato, el capítulo de la Guerra de la Independencia se iniciaba con el bando del alcalde de Móstoles, Andrés Torrejón, proclamando que la patria estaba en peligro, que Madrid perecía víctima de la «perfidia» francesa e instando a los españoles a «acudir a salvarla». El redactor del libro de texto sentenciaba: «Y España entera, vibrando de emoción, respondió a la llamada». Soflama patriótica, pero que muy franquista. Dejemos de lado lo que le hubiera beneficiado a las Españas la Corona en manos de los Bonaparte con la continuidad de José Primero (los trogloditas lo llamaban Pepe Botella) en lugar de los Borbones con el felón por antonomasia: Fernando VII; centrémonos en lo que intenta Isabel Díaz Ayuso, que es exactamente lo mismo, sin apenas matices. La presidenta de Madrid negociando para adquirir la Sputnik, nos está diciendo cuáles son sus propósitos, cómo quiere pasar por encima de la dirección de su partido, lo que, francamente, si sale de las urnas lo que se aguarda, está a su alcance. Con Vox no tendrá problemas. Sucede que la presidenta es una de las suyas: intercambiable en todo con Rocío Monasterio. Se verá cuando alguien de Vox se haga cargo de la consejería de Educación. Ha sucedido en Murcia. Ocurrirá donde sea necesario. Hasta, si llegare a darse la oportunidad, en el Gobierno de España. La falacia de la reunificación del centro derecha, que es la unificación de la nueva derecha a imagen y semejanza de la húngara, pasa por liquidar a Ciudadanos, que ejercita un obediente suicidio asistido, por hacer con Vox el convoluto al que se ha asistido en Murcia.

El cuatro de mayo la batalla de Madrid dejará huella, como la que han sellado la disputada en Cataluña, donde hay quien ya atisba repetición de elecciones. Isabel Díaz Ayuso se parece más a Carles Puigdemont de lo que una y otro concederán jamás: son trumpistas a los que mentir se les da extraordinariamente bien. Comparten otro rasgo: su disparate encadenado es del agrado del electorado.

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