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Alex Volney

La ley natural vigente

La ley natural vigente

La ley natural vigente

Sin rodeos. Si de niño eras afectado, poco o mucho, por la tierra, debías disimularlo. Si en la cisterna de tus abuelos «Na Maria Enganxa» cobraba forma de anguila con medio siglo, ya albina del todo, más que contarlo como algo mágico debías disimularlo. Ni Harry Potter, ni nada parecido. Tan solo en el corral o jardín de los tuyos ya se obraban milagros como ver desaparecer longanizas en las fauces del gato alfa que de árbol en árbol saltaba las tapias que nos delimitaban. Muchos fantásticos detalles que no se comentaban por vergüenza al no ser entendidos por aquellos que permanecían, todo el día, delante de la tele.

En el barrio de Son Espanyolet, la adrenalina a tope al soltar centenares de fringílidos atrapados en las redes de los furtivos que las ponían en los almendros de las monjas del Sagrado Corazón. El señor gitano que llevaba ese cotarro se daba cuenta, era tío de nuestros compañeros de juego, el Paco y el Lolo, y empezaba una larga y laboriosa persecución. Luego pasaban días sin que saliésemos a la calle, pero valía mucho la pena. Como pueden intuir nuestro ídolo infantil, sí, murió en accidente de helicóptero en Alaska. Modestamente, por su culpa, servidor, lleva cuaderno de campo desde más o menos finales de los setenta. Pero poco bombo, pues esto solo viene a cuento por los cambios sufridos en este rincón de mundo. Unos desequilibrios que en poco más de cuatro décadas lo han transformado todo y de qué manera. Lo han arrasado.

J.G.S., compañero de juegos y de tantas cosas, también avisaba cuando su padre no estaba y empezábamos a deshacer todas las criaturas que en las redes chinas habían quedado atrapadas. «Puputs, ropits, busquerets, durbecs…» un placer devolverlos al cielo, como a los jilgueros que incluso comprábamos en el mercado para subirlos a Lluc y soltarlos en el mirador dels «Misteris». Cuando a nuestra mejor amiga, Margot Busquets, le regalaban una, al día siguiente de entregárnosla íbamos de excursión. Hoy han cambiado mucho las cosas. Una profesional de ese delicado sector, de nombre X. contó hace poco que habían prohibido la caza de una especie de loro muy concreta y que los jóvenes de esa región, África tropical, al dejar de tener ese recurso no han visto más salida que sustituir las decenas de capturas anuales por auténticas razzias que han esquilmado y extinguido totalmente esa población y han terminado del todo convirtiéndola en materia prima para los piensos de nuestros cánidos occidentales. Bravo. Cuánta ignorancia y cuánto postureo con la moda verde mal entendida. Cuánto presunto ecologista de postal soltando gatos en los prados. Hoy, una Sylvia Melanocephala incuba y ceba a sus crías para que ni lleguen a tocar el suelo en su primer vuelo, el desequilibrio es brutal.

Por otro lado, hemos vivido, o vivimos, una pandemia que en su confinamiento más drástico y a nivel muy local nos ha devuelto a centenares de ruiseñores en los valles de la Serra de Tramuntana, el poder ver nacer camadas de erizos en el huerto comunitario de Son Espanyolet. O incluso que sea posible, como antaño, ver a muy pocos metros de profundidad estrellas de mar en la playa del Arenal o volver a contemplar el fondo en las aguas estancadas de Can Barbarà como cuando nuestros padres o abuelos se dieron sus primeros baños y lo de veranear era algo de unos pocos. Durante el confinamiento hasta la Milvus milvus ha patrullado los cielos de Ciutat rastreando en equipo.

Pero otra vez volviendo a algo parecido a «la nueva normalidad» hay que recordar que mucho más dañinos y peligrosos que los furtivos de las redes son los ignorantes que se las dan de animalistos. Esos felinos sin tener ninguna culpa representan el desequilibrio más letal de los que por ahora se conocen en no pocas poblaciones de diferentes especies ornitológicas. Claro que el minino no tiene ninguna culpa, pero las personas que lo abocan a una mal entendida vida en el campo la tienen toda. En muchas zonas de Mallorca las mismas plagas de mosquitos, y sus consecuentes contagios infecciosos, se deben y se deberán en el futuro a esta seria descompensación. Muchas crías de las aves que anidan en Mallorca no llegan a aprender a volar de forma independiente ni por asomo.

Ramon Llull estaba muy lejos de la ciencia en su Llibre de les Bèsties y nada nuevo aportaba sobre los animales, pero estaba muy cerca de la realidad aportándolo todo sobre el animal racional por excelencia. Como ven, los años disipan la vergüenza a la hora de hablar de según que temas, la ignorancia no tanto, pero aunque la confianza de asco he querido compartir. Aquí les dejo esta estampa. Les deseo buenas fiestas con esta imagen tan genuina. Fíjense, por si alguien vigila o está al acecho y así poder escapar o salir pitando y despistar rápido, y sin titubear, al depredador, vean que ubicación tan perfecta. En una simple depresión del terreno y entre silvestres gramíneas nuestra Cucullada, Cogujada en castellano, (Galerida Theklae) incuba estos días lo que ven en la foto y que mientras ustedes leen este pedacito de papel probablemente ya habrán eclosionado. Sí, a pesar de la lluvia, a pesar del tiempo y a pesar de todos nosotros, por suerte la vida sigue regida por la implacable Ley Natural.

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