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Alex Volney

El tamaño de tu dignidad

La escritora Nelly Sachs.

La escritora Nelly Sachs.

Los dos extremos dentro de los cuales gira todo siempre son los mismos. En ese estrecho margen camina una venerable anciana que de lejos y con su bastón aparece muy a menudo cruzando la ciudad, sin miedo. Su avanzadísima edad no le impide la interacción. Mascarilla en ristre, con su agradable carácter, anuncia el título mientras va entrando en la librería, previamente se ha repasado el mostrador cual adolescente curiosa. Se desplaza con cierta pesadez, en sus más de noventa años. Sus apellidos, ambos, son de insigne abolengo y cruel persecución por parte del lado oscuro de nuestra maldita historia, por no decir histeria, aquellos mismos que a veces los han ubicado en su geografía mental como a «los de la calle». Esta señora aparece de vez en cuando a buscar su pedido o a reponer alguna lectura. Sorprende bastante su pasión y cariño por la letra escrita, todavía más nos admira el tesón y energía en un estado que de vez en cuando nos va recordando, sobretodo cuando cree que ha extraviado alguna pertenencia: «Això de tornar vells és una presa de pèl». Casi siempre si no la pide antes se le ofrece silla, viene de lejos. Se desplaza sin temor por la ciudad sorteando la pandemia y encontrando sus puntos de referencia mejor que cualquier repartidor joven con gps. Siempre de buen humor y dispuesta a dar una interesante conversación. Nuestra Magdalena sentada termina por hacer su breve tertulia. Esto es algo que se repite varias veces al año desde hace bastante, con intermitencias según la estación. La librera o el librero no se dedican a la venta de libros, también asisten a los cursos interminables que, día tras otro, ofrece la vida.

Me encontraba creando la ficha de Nelly Sachs en su poemario Als estatges de la mort en traducción de Feliu Formosa, cuando aparece esta agradable «jovencita». Adesiara editorial, presenta por primera vez en catalán una de las más perturbadoras obras que se han escrito versificando lo innombrable para que no sea nunca olvidada la vergüenza de la shoah. La autora da voz a los muertos invocando las chimeneas de la muerte. «Oh les xemeneies... quan el cos d’Israel es va alçar dissolt en fum». Interrumpo la ficha ofreciendo asiento para servir a esta amiga clienta quedando por pura casualidad enfrente de una torre de Diarios de Ana Frank. Lo mira y lo señala con su bastón: «Qué bonito cuando lo leí, qué libro tan precioso y que barbaridad más grande...pobre niñita», «y todavía hay quien lo niega…», «y yo los llevaría a ver todos esos carros abarrotados de huesos, no hay derecho... tanta crueldad», recita su pensamiento más sincero sin rencor pero con la contundencia que se añora hoy de no pocos políticos. Después de un breve intercambio de opiniones marchará por allí donde ha venido dejando una estela de dignidad solo proporcional a la conducta temeraria y vergonzante de los mencionados . A la mente vuelve la crucerista alemana, que asegurando ser periodista, hace dos años entró solo para hacer el discurso negacionista del holocausto mientras pasaba revista ante nuestra sección «Nuremberg». Su criada mexicana gesticulaba por detrás de vergüenza, mientras se les invitaba a salir. Crucial a veces tener a la audiencia escalonada y que los encuentros fortuitos no deseados no se produzcan. Cuanta tensión todavía hoy. ¿Terminará implosionando finalmente Europa? ¿Por qué hace casi un año que no podemos ver a nuestra familia de Madrid a la vez que estos días nos cruzamos con británicos o teutones preparando botellón? ¿Es síntoma de nuestra estupidez endémica?

Nelly Sachs recibió el premio Nobel de Literatura el 1966. De origen judeo - alemán murió en Estocolmo cuatro años más tarde. A nuestra Magdalena deberían darle el Nobel al buen rollo todas las mañanas que cruza Ciutat con su elegante autosuficiencia y su brillantez a la hora de expresar las cosas como son y no como algunos creen que deberían ser. Sachs dedicó En las moradas de la muerte a sus hermanas y hermanos. Esta señora regala y dedica libros a los más pequeños de los suyos. Su pasión y empeño no decrece a pesar de las trabas en ese estrecho margen por los caminos de la dignidad entre los dos extremos que nos van ahogando cada día: el del neofascismo y el de la estupidez.

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