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Juan Gaitán

Traiciones

La traición ha sido y es moneda de curso legal a lo largo de la historia de la Humanidad

Amí, imagino que como a cualquiera, alguna vez me abrazó la traición y sentí esa puñalada que te taladra hirviendo el alma y la carne. Sé cuánto cuesta reponerse de una, si es que acaso alguna vez se consigue. La traición es, con demasiada frecuencia, el venenoso pago que se obtiene por la confianza, que es la hermana inocente del afecto. Por eso, probablemente, Epicuro aconsejaba probar a los amigos cuando no hiciera falta para saber qué se puede esperar de ellos cuando de verdad se necesiten. El consejo es, de alguna forma, una vacuna contra la traición, tan frecuente en estos días (solo hay que mirar la primera página de los periódicos), como en toda la historia de la Humanidad. Quizás convenga en este punto recordar aquella frase, dicen que de Adenauer (aunque otros la atribuyen a Andreotti e incluso a Pío Cabanillas) de que «hay enemigos, enemigos mortales y compañeros de partido», a la que, quizás, sería necesario añadir una categoría extra, la de los socios en todas sus facetas.

Quizás fueron los antiguos griegos los primeros que hablaron de esto, como de casi todo. Ellos también supieron de la traición. Acaso la más sonada de su tiempo (lo cuenta Herodoto en su Historia) sea la de aquel cuyo nombre significa «la pesadilla», Efialtes de Tesalia, que vendió al rey espartano Leónidas y a su pueblo a cambio de nada, ayudando al rey persa Jerjes I a encontrar una ruta alternativa al paso de las Termópilas, lo que permitió a los persas derrotar al pequeño grupo de defensores espartanos.

Seguramente, si prestásemos más atención a los clásicos tal vez nos fuese dado evitar algunos disgustos. El divino Dante reserva el peor círculo del infierno, el noveno, para los traidores, y el no menos divino William Shakespeare nos advirtió de que «hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos». Pero a veces nos negamos a verlos hasta que de pronto todo se revela y llegan los idus de marzo y sus cuchilladas. Se cumplen justo en estos días 2.065 años desde las puñaladas a Julio César y todo sigue, más o menos, por donde solía. No es casualidad que el término «traición» venga del latín «traditio», que alude a la «acción de entregar a alguien o algo».

También la Semana Santa es la historia de una traición, acaso la más famosa de la historia. Las treinta monedas de Judas han dado para mucho, aunque el precio de la traición, la mayoría de las veces, solo alcance para comprar la cuerda de la que vas a ahorcarte.

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