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En aquel tiempo | Esa cálida voz

Elogio y noticia del Teléfono de la Esperanza

Esa cálida voz Elogio y noticia del Teléfono de la Esperanza

Ahora que, en gran parte, carecemos de la posibilidad de vernos y de abrazarnos y de coloquiar cara a cara, el teléfono/móvil alcanza una dimensión comunicativa enorme. Un tanto llevados por la publicidad, preferimos priorizar la relevancia de medios audiovisuales más recientes, pero la verdad es que las conversaciones más íntimas y gozosas/tristes las tenemos telefónicamente, incluso por encima de las videoconferencias tan de moda. Se trata de que el teléfono comunica a la voz humana una calidez y una familiaridad muy superior a los demás medios, como si a través de esa voz invisible llegáramos a lo más profundo del otro y el otro nos alcanzara en nuestra propia intimidad. Sería positivo recuperar el protagonismo de este aparatejo tan manejable y tan a mano, al que conferimos tan poca importancia. Y en medio de tantas voces telefónicas, nos aparece él Teléfono de la Esperanza, tan eficaz como poco publicitado. Ayuda a vivir sin dar dinero.

Precisamente este 2021 hace cincuenta años del comienzo de este instrumento tecnológico puesto al servicio de la sociedad internacional, pero con específica presencia en la sociedad española y mallorquina. Se trata de una criatura llevada por voluntarios/as, sometidos a una meticulosa formación, siempre conscientes de que están al servicio de toda emergencia individual o colectiva, pero siempre manifestada por una voz individual «al otro lado de». Nunca hay tiempo perdido para estos especialistas en dialogar paciente y profesionalmente con quien llama, en tantas ocasiones compulsivamente, porque lo necesita sencillamente para seguir viviendo. Y por esta razón es de tanta relevancia ampliar el número de quienes conocen tal posibilidad en cualquier momento y a cualquier hora. Siempre hay un «escuchante» a disposición. Siempre hay una voz cálida al otro lado. Nadie es excluido. Nadie encuentra soledad a su propia soledad. Nada frecuente en una sociedad egoísta como la nuestra, que hace del individualismo correa de transmisión de la propia impotencia, aunque también surjan modelos de solidaridad como quienes trabajan sin cansancio en el Teléfono de la Esperanza.

A lo largo de 2020, es cierto que se trata de un tiempo pandémico, el Teléfono atendió 166.646 llamadas, con un incremento del 38% respecto del año anterior, lo que denuncia el uso de tantos españoles/as que recurrieron a él en una situación límite. Tales llamadas significaron 35.619 horas de atención profesional y de confidencias interpersonales: un 42% más que el pasado año. Todo esto significa 13.387 llamadas al mes, 440 al día y 18 a la hora, y todo ello en un admirable silencio publicitario porque quienes atienden al llamante necesitado solamente pretenden realizar bien su trabajo, que es ayudar a los demás conciudadanos como está en su mano. Porque los especialistas en psicología, tan relevantes siempre y más en esta pandemia, suelen citar en sus despachos o trabajar en centros de salud, como es lógico, pero quien llama al Teléfono de la Esperanza necesita una comunicación inmediata y directa porque no resiste más o sencillamente está del todo angustiado. Es un matiz distinto pero muy importante. De ahí, su relevancia sanitaria y social.

Puesto al habla con varios «escuchantes» del Teléfono, me comentan experiencias diferentes en su labor. Sebastián Riutort¸ nos comenta: «Desde mi experiencia como orientador del Teléfono, los casos que me resultan más difíciles son aquellos que trasmiten dolor y soledad intensos, y que se insinúan como candidatos al suicido como medida rápida para dejar de sufrir… Tales situaciones me generan un sentimiento de lástima (que resulta pasivo e improductivo) frente a la compasión (sentimiento activo en que uno toma partido en el sufrimiento del otro)». Por su parte, Antonio Torres escribe de forma escueta y clarísima: «Seguimos atendiendo a las personas que sufren crisis emocionales y de soledad. El cambio más significativo (con los años) puede darse en el aumento de llamadas con mucha soledad junto a trastornos mentales diagnosticados. No suelen hacer procesos de mejora y tienden a llamarnos asiduamente, de manera dependiente». Y, en fin, Elvira Gastalver se manifiesta así: «Mi relación con el Teléfono fue a partir de una formación que hice en la Universidad sobre ‘Relación de ayuda’… La sorpresa fue cuando descubrí muchas cosas de mí que estaban ocultas debajo del trabajo, responsabilidades familiares, crianza de hijos, etc. Lo que empezó para ayudar a los demás se convirtió en ayudarme a mí misma, a crecer como persona, siempre con mucho respeto y cariño. Me descubrió una forma de relacionarse desde la tolerancia y el respeto hacia los demás». En estas respuestas el lector/a pueden descubrir ese universo de percepciones, sentimientos y profesionalidad de los escuchantes, y pistas para penetrar en la problemática de los llamantes. Y todo esto nos abre a otro universo un tanto desconocido: el de la psique humana, tan aterida en estos tiempos de desconcierto y angustia. Y siempre.

Estas palabras de quienes trabajan en el Teléfono de la Esperanza obligan a tomar conciencia de una realidad española y mallorquina en concreto muchas veces olvidada pero que a todos/as nos ayuda a sobrevivir a las tormentas históricas: la capacidad que tenemos como sociedad para inventarnos, con una creatividad impresionante, nuevas instituciones, asociaciones, grupos activos, además de las determinaciones personales, para responder a las desventuras de la sociedad en que vivimos y somos. Tiene su lógica que las diferentes administraciones del Estado y de las Comunidades Autonómicas (una sola administración de suyo) desarrollen medidas al servicio de los ciudadanos, y en general, medidas admirables, como ha sucedido en esta pandemia. Pero tiene que llegar un momento en que, para desarrollar una democracia madura, se tengan en cuenta y se apoyen las obras y acciones del mundo privado, en lugar de menospreciarlas, de desconocerlas y de preferir silenciarlas. Nuestro Teléfono de la Esperanza es una de ellas. En silencio y sin descanso, ayuda a muchos y muchas de nosotros a sobrevivir, con un desprendimiento fuera de lo común. Escribo del universo de voluntariado español y en concreto mallorquín. Es evidente.

El Teléfono de la Esperanza merece nuestro apoyo, como tantas otras instituciones, y sus voluntarios/as nuestra admiración. Sin él y sin ellos/as nuestra sociedad estaría más expuesta a la dureza de la vida y muchas personas sufrirían de soledad, angustia y, sobre todo, de desigualdad. El número de Teléfono es el 971-461-112. Si lo necesitan, no duden en marcarlo.

Las historias de amor son casi siempre parecidas, en cuanto historias. Por ejemplo, tomando cierta altura, Retrato de una dama, la inmortal novela de Henry James, es un cansino relato con excelente escenografía de ritos de apareamiento frustrado. Lo que apasiona al lector es la adecuación entre una historia real o imaginada y el libreto del amor, o sea, el libro de instrucciones, conjurando el doble pánico al azar y al tedio. Bajando al suelo, las dos grandes crisis cardiacas de estos días, es decir, las de las parejas Sara-Iker y Bertín-Fabiola, reconfortan al lector tanto como lo había hecho su emparejamiento (ver cifras de ventas del corazón), pues validan el libreto del ciclo amoroso. El único modo de salirse del libreto es no creer en él, pero no es tan sencillo llevar a la incredulidad literaria a la otra parte, igual que suele ser más fácil convertir a la religión que al ateísmo.

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