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Diario de Mallorca

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Jose Jaume

Desde el siglo XX | Vox horada al PP, Podemos no puede con el PSOE

La irrupción de Podemos en la vida política fue recibida con alborozo por la derecha, esperanzada con que neutralizara al PSOE; al final es Vox quien maniata al PP

Vox horada al PP, Podemos no puede con el PSOE

Podemos no ha cumplido la primordial función para la que se creó: acabar con la hegemonía del PSOE en la izquierda. Los comunistas, que no otra cosa es el artefacto de Pablo Iglesias más que reinventado PCE, estuvieron a punto de lograrlo a rebufo del viento transformador que se abatió sobre España insuflado por la crisis de 2008 en la que se inmoló José Luis Rodríguez Zapatero. No ha sucedido. El PSOE exhibió resistencia tenaz: perdió plazas importantes, pero conservó la primogenitura de la izquierda. El PP desarrolló el juego peligroso de permutar los papeles: le convenía que los comunistas llegaran los primeros en la izquierda, porque así se vedaba la mudanza en Moncloa. Conocemos el desenlace, cómo Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno y de qué manera pena el PP: malvive sin vivir en él, sin que de la mano de Pablo Casado acierte a dar con sendero practicable por el que discurrir. Podemos se contenta con estar en el Ejecutivo al modo liliputiense debido a que la composición del Congreso de los Diputados no da otra alternativa: o lo que hay o elecciones anticipadas. La catástrofe perpetrada por el político más impresentable de esos convulsos años, Albert Rivera, zascandil de vía estrecha, al negarse a pactar con el PSOE antes de la última repetición electoral, envuelto en la ensoñación de convertirse en el nuevo preboste de la derecha hispana, ha conducido hasta aquí, a formar Gobierno con evocaciones del Frente Popular de 1936. Solo que no estamos en 1936 y sí en la Unión Europea. La derecha y los comunistas no deberían olvidarse de ello. Tampoco los independentistas catalanes, enredados en el eterno retorno al quimérico uno de octubre de sus reiterados fracasos, aunque conservan la poco cohesionada mayoría en la Cámara legislativa catalana. Si por una vez se miraran en el espejo vasco del PNV, al que se aproxima raudo Bildu dispuesto a hacer política y solo política, como tantas veces se le solicitó en el pasado que practicara.

Lo que se ha de dilucidar es si la extrema derecha española, Vox, conectada con la polaca y especialmente la húngara de Viktor Orbán, que acaba de abandonar, antes de ser expulsado, el Partido Popular Europeo en el Europarlamento, con el que el PP ha hecho buenas migas hasta ayer mismo, hará añicos la línea de flotación del partido fundado por Manuel Fraga y refundado por José María Aznar o seguirá en el papel subsidiario al modo de Podemos, que es el que desempeña en Madrid y Andalucía. En Cataluña se ha vislumbrado que las cosas a lo mejor son muy diferentes. El estrepitoso batacazo del PP supone advertencia a tener en consideración: Vox sube, no ofrece datos que posibiliten afirmar que ha tocado techo, al tiempo que las carencias del PP se acumulan, hasta el punto de que seriamente se estudia ejecutar el sacrificio de Pablo Casado, que en ningún momento ha sido el dirigente que requiere la derecha española. Qué le falta a Vox. Tal vez el líder que no es Santiago Abascal. Qué sucedería si el partido estuviera comandado por Cayetana Alvarez de Toledo o por la mayor trumpista con mando en España: Isabel Díaz Ayuso. La primera es política competente, culta, provista de bagaje superior al de la gran mayoría de sus colegas a derecha e izquierda. No es impensable que desembarque en Vox. Su distante suficiencia y altanería resulta del agrado del electorado de la extrema derecha y alguno más. Díaz Ayuso no posee los atributos que adornan a Alvarez de Toledo, al contrario: es tan limitada como osada. Miente con desparpajo. Su trumpismo lo practica a costa de lo que sea. Incluso si cuesta vidas como sucede en Madrid por la ausencia de severas restricciones.

¿Resistirá el PP la embestida de Vox? ¿Quebrará el partido alfa de la derecha? De la respuesta depende en no poca medida la futura estabilidad institucional española.

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