Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Alex Volney

‘Hinteligencia’ editorial

Croquis real enviado a  las librerías 
por importante grupo editorial.

Croquis real enviado a las librerías por importante grupo editorial.

...Omultinacional! Los grandes grupos se unen a la moda verde, ese fabuloso campo ancho donde va cabiendo el relato rural en el sentido más amplio. Desde joyas nunca antes traducidas al catalán o castellano a oportunistas revivals de los sesenta. Como siempre ha sido, el talento de pequeños grupos, o el individual, va a la vanguardia mientras ellos observan y posicionan a una parte considerable de su plantilla a estar pendientes de lo que cuecen los más genuinos, los independientes. Sí, las marcas pequeñas, las editoriales con solera son y han sido siempre las que marcan el rumbo. Los dos grandes grupos editan o reeditan joyas pero siempre a remolque de las nuevas tendencias.

El libro, la lectura, siempre ha formado parte del ocio. A más tiempo más lectores, por eso va siempre ese índice ligado a los derechos sociales y al tiempo libre de las gentes. Más tiempo, más adquisición de libros.

Los grandes debaten estos días si la crisis fortalece este hábito. Puede ser pero dicho así resulta incluso obsceno, esos grupos nunca suelen trabajar en modelos laboralmente sostenibles como para sugerir espontáneos aumentos en el índice de lectura. En las circunstancias de abril pasado con un no-Sant Jordi y pérdidas superiores al 30% en el sector, los editores hablan de caídas del 70% algunas semanas de plena pandemia, el sector vivió su correspondiente ataque de pánico. Libros nuevos impresos y librerías cerradas (en Hispanoamérica la grave situación continúa afectando duramente el mercado editorial de Barcelona y Madrid) constituía el peor panorama posible para sus editores. Teniendo en cuenta que en Europa desde mediados de mayo las librerías están abiertas aunque sea con serias restricciones y que los médicos aseguran que algún tipo de normalidad no llegará hasta el verano o el otoño en forma de inmunidad general, se siguen llevando a cabo los actos literarios a través de internet lo que supone, de fondo, la oportunidad de los grandes grupos que tanto soñaban con ello. Anhelaban ese salto digital y ahora recuerdan constantemente que ellos ya marcaban «la buena dirección». Sacan pecho con lo de la distribución online imponiendo «el cambio de modelo» una auténtica encerrona para «ayudar a los pequeños a dar el salto», claro. Grandes editoras y grupos editoriales lanzan su opa sobre los libreros poniendo en marcha lo que llaman «el servicio de entrega en nombre de las librerías» y que no es más que un sorpasso en toda regla sobre la austera pero llena y añeja cartera de clientes de cada punto en cada ciudad o pueblo en toda la face de los libreros independientes que nos encontramos con este gracioso mantra a cada paso.

Las librerías siguen siendo el mejor lugar para dar a conocer a autores y editores. Mientras afianzan los e-book como panacea que no pasa del cinco por ciento en cuota de mercado y venden como nuevo el audiolibro, sí, ese fabuloso producto que en los noventa fue retirado por los mismos ante la estupefacción de nuestros mayores por no salirle rentable a sus emprendedores y en ascendente demanda.

Seguimos cada día descubriendo las tijeras, la rueda, la cuchara de plata...o el libro. Anunciando que quieren los datos de los lectores y saben sus tendencias para combinar y ordenar datos a su antojo de camino a terminar creando su booktube. Anuncian que «cuando busquen libros de cocina podemos presentar el catálogo que tenemos sobre el tema»...¡vaya novedad! También dicen que les enriquece la bestial competencia y que con los años el papel perderá mercado, pero resulta que están publicando libros a partir de series de plataformas haciendo el camino inverso a la extinción del formato libro. Para rematar, se anuncian como «comprometidos con la sostenibilidad» mientras estas multinacionales son absolutamente las únicas que no hacen llegar sus libros en cajas reutilizables, empaquetan en cartón de un solo uso donde los libros no dialogan por el camino, van chocando en su interior y al llegar al librero van al contenedor azul directamente por no ser posible su reciclaje. El resto de editoriales hacen llegar sus obras en cajas que marcan caminos de ida y vuelta una y otra vez. Centenares de veces. Pero miren, en una de estas últimas e inteligentes promociones nos encontramos con lo siguiente y que más o menos viene a decir:

Manual para el librero capullo:

1. Querido librero, queremos recordarle que para sacar los libros de la caja primero debe abrirla. Lo puede hacer con cutter, tijeras o con la misma punta del melindro.

2. Tenga en cuenta que para que nuestros libros lleguen al gran público en la editorial Lumbrera aconsejamos aproximar su empeño a los lectores y una vez abierta, la caja, deben sacarlos de su interior.

3. Recordamos poner el expositor en posición vertical y nunca horizontal. Para incentivar su venta lo mantenga siempre en esta posición.

4. Poner un libro sobre otro, cuando se trata del mismo título en diferentes ejemplares, es lo más aconsejable y creemos conveniente conservar ciertos aspectos de lo que ha sido con los años nuestra línea editorial.

Muy atentamente. El director comercial. Editorial Lumbrera. Premio Nacional a la mejor editorial ‘hinteligente’.

Compartir el artículo

stats