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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Pagar a Messi y contra Messi

La mala suerte no existe, pero el juzgado de Instrucción 13 de los de Barcelona honra a su número, acaba igual con el procés que con el Barça. Presidente azulgrana o de la Generalitat son profesiones de alto riesgo, dado que tres titulares de cada una de esas instituciones han sufrido zarpazos penales a gran escala, y solo en lo que va de siglo. En el fútbol, siempre más apasionante que la política, Josep Maria Bartomeu ha defraudado a quienes pensaban que le faltaba temple para violentar la ley ni que fuera presuntamente.

Cobrar comisiones lo tenemos muy visto, y hasta Podemos torea acusaciones por fraccionamiento de contratos. Tampoco nos impresiona en exceso la auditoría favorable a los imputados, el ejemplo enésimo sobre el funcionamiento de dicho negocio. Otra sorpresa amortiguada sería la codicia sin límites detectada en un Bartomeu multimillonario, gracias a los negocios de fingers portuarios y aeroportuarios, porque las fortunas se consolidan aprovechando todas las oportunidades que brinda el destino. Lo absolutamente incomprensible es que el Barça pagara sumas estratosféricas para desprestigiar a Messi y Piqué, iconos del club y dianas del antibarcelonismo.

Estábamos preparados para que un juzgado número trece, dado que no hay otro en Barcelona, investigara a un club rival por haber sufragado a agentes del KGB para que invitaran a las estrellas azulgranas a un té con polonio. Ahora bien, que el propio Barça le pagara cien millones anuales a su estrella para invertir a continuación otro millón en difamarlo, ensancha los límites de la esquizofrenia habitual en la religión del balón. No hemos perdido la fe en el fútbol, hemos perdido la fe. Y si el escándalo acaba como el primer asalto carcelario a Sandro Rosell, habrá que concluir que el Consejo General del Poder Judicial también debería configurarse por cuotas futbolísticas, no solo partidistas.

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