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Carmen Martínez-Fortún

Pedro, los Pablos y Pasapalabra

Es España hoy un espectáculo con un Pedro y dos Pablos donde el primero manda y los otros dos bailan el agua. Pedro juega con ambos y los utiliza, convertida en ideología de cabecera la máxima bonapartista de que el fin justifica los medios.

El Pablo de la izquierda es un joven mesiánico, de look incongruente entre perroflautismo encorbatado y antigualla poco aseada a punto en cualquier momento de sentarse a meditar, aunque le puede el desenfreno verbal y la imprudencia impropia de su cargo. El exindignado es un hábil tan versátil que lo mismo predica como un obispo que maldice como un tabernero dickensiano. A medida que su incongruencia le delata pierde adeptos, pero gusta aún a los románticos que creen que el antisistema es un camino que conduce a alguna parte y a los revanchistas y perdedores que buscan saldar con ruido y furia la deuda eterna que con ellos tiene la historia, sea esta la que sea.

El Pablo de la derecha es un joven aseadísimo que no ha estudiado mucho pero habla muy bien. Hijo del gran partido que aglutinaba con Aznar desde los ultra a algún socialdemócrata, ha abominado irreflexivamente de su origen, divinizado el centro y perdido en este arriesgado discurso votantes, amigos y mucho prestigio. Sigue empero siendo la esperanza de quienes saben que con un centro derecha dividido habrá Sánchez para rato. Pedro descuelga el teléfono y coquetea con uno y otro según conviene a sus intereses disfrazados de sentido de estado y los engaña, engatusa y enfada porque de momento es muy difícil que la cuerda se rompa.

Luego hay otro Pablo Hasél, señoritingo inútil de la provocación como modo de vida, a quien nadie conocería si los eternos odiadores no lo utilizaran como gasolina de sus hogueras. Afortunadamente existe por ultimo un Pablo Díaz, modelo de la España laboriosa que se levanta sin quejas, a la que representa y estimula el concursante de Pasapalabra, cuyo objetivo es ayudar a sus padres y seguir estudiando, y que está dando ejemplo de cómo sin trabajo serio y esfuerzo constante no hay futuro.

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