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Tribuna

Igual pago por igual salario: razones para un sí

Esta semana se ha hablado mucho de la brecha salarial, con motivo del 22F. Existen una serie de factores complejos y relacionados entre sí que acarrean diferencias salariales de mujeres y hombres dando origen a la denominada brecha salarial de género. A la valoración de las competencias laborales, hay que unir la segregación del mercado de trabajo con diferente representación de hombres y mujeres en los distintos sectores económicos, las características de la oferta de empleo femenino condicionada en muchos casos por la conciliación con la vida familiar, la participación en el trabajo a tiempo parcial de las mujeres por la dedicación a actividades de cuidado de hijos e hijas, personas dependientes, y los mecanismos establecidos de retribuciones salariales. Por consiguiente, la brecha salarial está condicionada por una serie de factores sociales, legales, económicos, y constituye un concepto que va más allá de la premisa ‘igual pago por igual trabajo’. La brecha salarial de género forma parte de los Indicadores de Desarrollo Sostenible incluido en el Objetivo 5 (Igualdad de género) y forma parte de la Estrategia Europea de Empleo (EES).

Según la OIT, la crisis ha afectado a las personas con salarios más bajos y las mujeres son las más afectadas. Han visto reducidos sus salarios en un 14,9% en el primer trimestre del año, frente al 11,3% que han perdido los hombres. No olvidemos que su independencia económica es la garantía para vivir en condiciones dignas en el presente, con un trabajo que les permita tener un proyecto de vida propio, y en el futuro, porque de cómo sean esos trabajos (tipos de contrato, jornada, salario, etc.) dependerán sus pensiones.

La realidad laboral de las mujeres es que tienen más contratos parciales y soportan una mayor tasa de desempleo. Muchas han tenido que abandonar sus empleos por necesidades familiares durante la pandemia, ya que muchos de los trabajos que ocupan no son compatibles con el teletrabajo y ello generará dificultades para su reincorporación al mundo laboral. Además, el impacto en el mercado laboral también ha sido mayor para las mujeres, que son mayoría en uno de los sectores más perjudicados, el sector servicios (comercio, turismo, hostelería). Se entiende mejor ahora que uno de los ejes transversales del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del gobierno sea el de la igualdad de género. Porque ni las mujeres ni los y las jóvenes pueden quedar al margen de la transformación y recuperación económica de nuestro país.

Por ello, las medidas impulsadas desde el gobierno encaminadas a reducir la brecha retributiva, que supone una grave discriminación para las mujeres, plantean mejoras de futuro. Cabe destacar por ejemplo, la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad cuya finalidad es el fomento de la corresponsabilidad, porque la crianza y los cuidados son tareas del padre y de la madre. La obligatoriedad de un registro de salarios o la modificación de la legislación para extender los planes de igualdad, coloca a España al nivel de los países más comprometidos en esta materia. Sin olvidar que se ha recuperado la cotización a la Seguridad Social de las cuidadoras de personas con dependencia y que el incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), alcanzando los 900 euros, es un dato positivo ya que lo perciben mayoritariamente las mujeres. La trayectoria laboral de las mujeres es uno de los determinantes de la menor cuantía de pensión percibida. Por ello, es destacable la medida para reducir la brecha de género en las pensiones contributivas mediante un complemento desde el primer hijo o hija que se sumará a la pensión. Podrán acogerse las madres y los padres que acrediten que el nacimiento del hijo o hija ha supuesto un perjuicio en su carrera profesional. De esta manera, se reconoce que la brecha de género en las pensiones es el reflejo de la discriminación histórica de las mujeres en el mercado de trabajo por asumir el papel de cuidadoras de la familia.

Pero también se escuchan, cada vez más, voces expertas que alertan de la necesidad de cerrar la brecha de género. La ventaja para nuestra sociedad de contar con un mercado laboral más justo y mejor preparado para afrontar los retos de un mundo cada día más complejo es, además de un reto, un importante avance para la igualdad y el progreso de las mujeres. El cierre de la brecha de género en el empleo y de la brecha salarial tiene un impacto significativo en la economía española. Un reciente artículo de la sección de economía de El País, titulado La brecha de género sale cara, afirmaba: «Si la brecha de género desapareciera, se añadiría al PIB mundial de 9,8 a 22,9 billones de euros». Además de la mayor actividad económica, las arcas públicas se verían beneficiadas por el aumento de la recaudación fiscal debido al incremento del número de mujeres que trabajan, y que lo hacen con un salario igual al de los hombres. La reducción de la brecha salarial es una responsabilidad y un objetivo compartido por toda la sociedad que requiere esfuerzos e implicaciones de las administraciones, de las empresas y del resto de la sociedad. Las recomendaciones de los estudios apuntan a incentivar la medición de las brechas salariales, fomentar la corresponsabilidad, incentivar la participación de las mujeres en los órganos de decisión y concienciar y sensibilizar a toda la sociedad en materia de igualdad. Que quede claro que la brecha salarial merma la calidad de vida de las mujeres y reduce nuestro potencial. Sin independencia económica, la igualdad es una quimera.

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