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#Hoja de calendario

Pedro Villalar

La CUP en Cataluña

Cuando se dice que el independentismo en Cataluña es mayoritario, se hace una trampa: se suman, como diría una célebre exalcaldesa de Madrid, peras con manzanas. De un lado, están ERC y JxCat, partidos que formaron parte de la comunidad constitucional antes de hacer primar el vector soberanista, y que apenas suman 65 escaños; y la mayoría parlamentaria absoluta requiere añadir también a la CUP (9 escaños), que es un partido antisistema que, entre otros méritos, posee el de haber patrocinado y llevado a cabo las duras manifestaciones por la libertad de Hasél, un donnadie mal hablado que ha ido a la cárcel por acumulación de pequeñas condenas. Esta situación, que ya ocurrió en pasadas legislaturas (la CUP impuso por ejemplo la sustitución de Mas por Puigdemont en la presidencia de la Generalitat) persiste en la actual y recién iniciada, que va por derroteros semejantes, si no peores, a los que nos han traído hasta aquí.

JxCAt, formación desubicada y sin norte, que, como decía ayer un periódico madrileño se está transformando de partido burgués en club de rebeldía de lujo, está encantada de contribuir a los incendios de Barcelona, que lanzan una sensación poco controlable de anormalidad. Y ERC, perezosa y cargada eternamente de grandes dudas ontológicas, no es capaz de plantar cara desde una izquierda decente a las veleidades de los revolucionarios y de los conservadores corruptos que no saben bien qué hacer con la herencia contaminada de Pujol. Lo cierto es que mientras la CUP marque las normas en Cataluña, la gobernanza será imposible. Debería pensarlo Junqueras, tras apearse de sus románticos escrúpulos antiespañolistas.

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