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Estando en Mallorca, decidí la otra tarde ir a dar un paseo por la ciudad. Estaba anocheciendo, sentí una sensación de tranquilidad, de calma y de emoción estética y también de desolación. Tiendas cerradas, cafeterías anunciando su ruina, restaurantes que no volverán a abrir, muy poca gente por la calle, carente de vida. La impresión era extraña, por una parte la belleza de los edificios y de las calles desiertas, el Passeig de Mallorca, Sa Faixina, el Baluard de Sant Pere, la Riera, el Passeig de Sagrera, la Almudaina , la Catedral, el Born... belleza y monumentalidad, al mismo tiempo soledad, paz y pesar. ¿Dónde queda el bullicio callejero? ¿Dónde están ahora los que pintarrajeaban los monumentos con inscripciones estúpidas como «Turistes Fora»?

Me encontré a un conocido que tenía necesidad de hablar y me dijo varias veces que estaba mal de la cabeza debido al confinamiento y al aislamiento al que se había sometido. Un amigo me llamó por teléfono y estuvo tres cuartos de hora hablando sin parar, tenía necesidad de comunicarse, no le resultaba suficiente haberse refugiado en la lectura, en el libro, el amigo que siempre nos acompaña. Este mismo día publicó un artículo Diario de Mallorca de Biel Mesquida que tituló Llegir es viure, muy oportuno, por cierto. Recibí otras llamadas que reflejaban crispación y tristeza, preocupación por la derivada económica de las medias restrictivas adoptadas por quienes han optado por la responsabilidad de la gobernación. ¿El paralizar el país es la solución? Seguramente no. En Madrid, por ejemplo, que se han tomado algunas medidas restrictivas, no drásticas, hay vida y bullicio.

Siento verdadera preocupación por los pequeños y no tan pequeños empresarios que desde hace un año no tienen ingresos, que pagan parte de los ertes, que siguen recibiendo requerimientos sobre tasas, ibis, impuesto de sociedades, renta. ¿Acaso la administración no tiene conciencia de que si no permiten actividad no se producen ingresos? Eso sí, el funcionariado, amplio y desmesurado, sigue cobrando; la nómina de los políticos, asegurada, se sigue abonado puntualmente, todo a costa del ciudadano, al que no se permite trabajar. Desmesurado endeudamiento público, que alguien tendrá que pagar algún día. La prensa se hace eco estos días, de un nuevo descomedimiento de los Sres. Iglesias, su niñera ha sido promovida al cargo de asesora de Montero, ministra de Igualdad, actual Sra. de Iglesias, con nivel retributivo 30, no sé qué significa económicamente nivel 30, pero debe de ser una pasta. La policía judicial ha informado al juez del caso Neurona que Juan Carlos Monedero ha cobrado una factura por unos trabajos, al parecer no realizados, dinero con el que ha rebajado la hipoteca de su casa ¿Quousque tandem abutere, «Podemos», paciencia nostra? ¿Hasta dónde llegara la nueva casta?

Pandemias, desde el S. VI en que se produjo la epidemia de Justiniano emperador de Bizancio, ha habido muchas, como la peste negra del S. XIV en la que murió el 65% de la población. Por cierto esta epidemia tuvo un resultado positivo, surgió una obra maestra de la prosa italiana, escrita por Giovani Boccaccio, novela en la que se describen desde la tragedia de la ciudad, preciosos pasajes eróticos, una gran obra. La viruela en el XVIII por la que pereció el 30% de la población, la gripe española, - que no era española sino norteamericana-, por la que fallecieron más de cincuenta millones de habitantes y la gripe asiática que dejo más de un millón de muertos. En las épocas de esas epidemias no se conocían tratamientos efectivos y no quedaba otro remedio que el confinamiento. Hoy vivimos en el S.XXI y la ciencia ha avanzado lo suficiente como para que en poco tiempo dispongamos de varias vacunas efectivas y pueda proseguir la vida con normalidad.

Me cuentan que hay un movimiento entre los empresarios para intentar suplir, incluso económicamente, a la administración en este grave asunto. La falta de diligencia en la compra de vacunas, el desorden en la distribución, la desorganización en el proceso de vacunación supondrá otro año sin actividad en el sector turístico, el 80% del PIB en Balears, y esto no hay país que lo resista . También la sanidad privada se ha ofrecido para vacunar durante 24 horas diarias hasta tener a toda la población a salvo. Incluso hay capacidad y disposición para hacerlo en el aeropuerto a fin de poder asegurar que baleares sea territorio libre de coronavirus. Desgraciadamente la administración dice que no puede autorizar esa oferta excusándose en Madrid y Madrid culpando a Bruselas. ¿Tan difícil es poner una inyección? Hospitales privados, farmacias, veterinarias o cualquier otro sanitario seguramente pueden hacerlo sin riesgo alguno. El dinero para sufragar esta operación público-privada sería la mejor inversión que se puede hacer y está disponible.

«Quebrantada está la Ciudad por la vanidad, toda casa se ha cerrado para que no entre nadie, la Ciudad yace desolada». Biblia, Isaías 24.10

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