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Esa sede de la que usted me habla

Sobrevuelan mi casa los helicópteros. Tranquilos los lectores que me aprecian. No vienen por mí —de momento—. Van en busca del PP. Y es que vivo a escasos metros de la archifamosa calle Génova 13 donde se encuentra su sede desde 1983 en tiempos de Alianza Popular. Que nadie empiece a hacerme reverencias, que lo mío apenas es un apartamento de cuarenta metros del lado pobre de un magnífico edificio. De estilo modernista, con una fachada rica en detalles arquitectónicos y maderas nobles que continúan de puertas adentro en unos pocos pisos señoriales de muchos cientos de metros, y al fondo, en la humilde escalera interior, los cuartos que otrora ocupara el servicio y ahora son en su mayoría ilegales apartamentos de alquiler turístico y este desde donde servidora escribe. Este edificio es un buen retrato del país. No tan solo por el ‘arriba y abajo’ de las clases sociales, sino por mi representación de esa clase baja empeñada en sentirse media, solo por sostener algún privilegio, como la ubicación. Porque hoy en día, el grueso de los currantes no puede aspirar a más que compartir habitación en el extrarradio.

Pero tengo una ventaja sobre mis vecinos millonarios y es que, desde el recóndito fondo interior, no suena el tráfico. Ni un coche en el bullicioso Madrid Central. Puedo abrir ventanas con total tranquilidad para dormir a la fresca. Excepto por el PP y su sede, claro, que son quien me quita el sueño. Suenan helicópteros y ya sé en primicia mundial que ‘algo pasa’. El rotototó es el sonido primero de victorias y derrotas electorales. A rotototó suenan la destrucción de documentación y discos duros, las filtraciones de cajas B y el espionaje.

Pero se me mudan. Tras tanto tiempo de vecindad sin estorbarnos apenas, una de las partes ha dicho que necesita poner tierra de por medio, romper con un pasado que pesa en presente y no, no soy yo, que con los años he aprendido a untarme ungüento en las cicatrices.

Lo predecían los helicópteros mientras se celebraba la reunión del Comité Ejecutivo para analizar su peor resultado de la historia en unas elecciones en Cataluña y la llegada del temido sorpasso de Vox. Pablo Casado, el presidente del partido ‘liberal conservador’, anunciaba su plan de borrón y cuenta nueva: «Consideramos que no debemos seguir en un edificio cuya reforma se está investigando esta misma semana en los tribunales». «Sencillamente no nos lo podemos permitir más con el calendario judicial que se avecina». Se piran de la sede que consideran un símbolo de la corrupción. Por si acaso los resultados electorales son fruto de una maldición y la reforma pagada en B se hubiera cimentado sobre los restos de un cementerio indio. También informaba Casado que ni él ni sus compañeros volverán a dar «explicaciones sobre ninguna cuestión pasada que corresponda a una acción personal que no haya sido en beneficio del partido o incluso haya podido perjudicarle». Y eso sí que es un tema harto delicado. ¡No eludir explicaciones! Que suyo es el famoso rodeo hecho frase de: «esa persona de la que usted me habla», porque de todos es sabido: lo que no se nombra, como lo que no se habita; todo lo que se esconde bajo la alfombra ¿no existe?

La frase, inventada por —o para— Mariano Rajoy, poco antes de convertirse en el primer presidente de la democracia retirado del cargo por una moción de censura mientras presidía el primer partido político de la democracia condenado por corrupción. También fue suya: «Es evidente que el PP es mucho más que diez o quince casos aislados». Tenía razón. El portal ‘Casos aislados’ que recoge las estadísticas de los casos de corrupción en España, expone 261 casos de corrupción denunciados contra el Partido Popular. Es cerca de la mitad de los 587 casos de corrupción con 8161 implicados y un coste defraudado —o robado— de 124.124.090.826 euros desde el año 2000 en que empezaran a contabilizarse, entre partidos políticos, cajas de ahorro, empresas públicas o miembros de la Casa Real que colocan a España en el vergonzante puesto 32 del ranking de 180 países en el Índice de la Percepción de la Corrupción que publica cada año Transparencia Internacional, alertando de que la corrupción representa una amenaza crítica para la vida de los ciudadanos porque socava los sistemas de salud y servicios públicos.

Ya lo decía el propio Casado

hace apenas tres años: «El problema del Partido Popular no es ni qué sede tiene, ni un logotipo, ni un himno, ni un nombre. El problema que tenemos es de fondo. Lo que nos va a hacer reconectar con nuestra sociedad y nuestro electorado no es cambiarnos a un edificio de en frente».

Pero se mudan.

Desoyendo el consejo de San Ignacio de Loyola: «En tiempo de desolación nunca hacer mudanza» y apostando todo a la estrategia de La Mosca Tsé-Tsé: «Yo romperé tus fotos, yo quemaré tus cartas, para no verte más, para no verte más». O como escucharemos entre helicópteros a partir de ahora: «Esa sede de la que usted me habla».

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