Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Españoles con Hilaria Baldwin

Hilaria Baldwin, junto a su marido Alec.

AHilaria Baldwin, la mujer de Alec, le llueve fuego y cancelación en su país por haber dado a entender (y alardeado) de nacer en España, concretamente en Mallorca, en su autobiografía. El New York Post ha descubierto que la señora nació en Boston y que sus padres son anglosajones blancos de toda la vida. En consecuencia, la barahúnda de activistas antirracistas de aquel país -que funcionan básicamente como un contestador automático o como el perro de Pavlov- acusan a Hilaria de apropiación cultural. La mujer se arrastra por el suelo implorando perdón, pero un momento, activistas: los españoles tenemos algo que decir.

Partimos de la base de que vuestra quimera puritana de moda, la «apropiación cultural», entiende que las culturas pertenecen a quien tiene el color de piel y los cromosomas adecuados, y que en general un blanco pertenece a la cultura dominante y por tanto no debe apropiarse de elementos de culturas «no blancas» e inferiores en «poder». Siendo esto -como es- una paranoia racista en sí mismo, puesto que las culturas no pertenecen a las razas, vamos a darlo por bueno y a jugar con vuestras reglas y en vuestro idioma.

Vuestra acusación contra Hilaria Baldwin es profundamente ofensiva para nosotros. ¿De dónde habéis sacado que la cultura española, que hunde sus raíces en tiempos en que vuestro país ni siquiera existía, es inferior en poder a la vuestra? ¿No os suena de nada El Quijote? Posiblemente no, porque vosotros, los mismos activistas que atacáis a Hilaria, vandalizasteis una estatua de Cervantes creyendo que por llevar gola debía ser un colonizador imperialista. No tenéis ni pajolera idea de nuestra cultura, así que menos rollos con la apropiación cultural. Id a defender a vuestra madre. En España estamos con Hilaria y la invitamos a repetir que nació aquí, en Mallorca o en Moratalaz, siempre que le dé la gana. De modo que ya estáis guardando los cuchillos y arrastrándoos en fila hasta la Puerta del Sol para pedirnos perdón a Hilaria y a nosotros.

Compartir el artículo

stats