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La candidata que ha sido puesta como testaferro por el señor huido a Waterloo, ése al que nada menos que el vicepresidente segundo del gobierno de Sánchez ha comparado con los exiliados republicanos cargándose el concepto de exilio y, de paso, el de república, la candidata Laura Borràs, digo, ha decidido comenzar la campaña electoral dando explicaciones. Aunque sean para aclarar que no piensa explicar gran cosa. En una entrevista que le ha hecho el diario de mayor tirada de España la señora Borràs, imputada por el Tribunal Supremo como sospechosa de haber cometido un delito de corrupción, se ha enfadado al ser preguntada por ello y ha cortado de raíz sosteniendo que dar su versión acerca de las prevaricaciones que le condujeron ante los jueces sería ayudar «a las cloacas». Curioso criterio. Los partidos políticos se rasgan con grandes alardes las vestiduras ante las corrupciones ajenas y si el de la señora Borràs no lo ha hecho es porque existe desde hace muy poco tiempo. Pero es uno más en la sopa de siglas a que dio paso aquella Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) fundada por Jordi Pujol, así que parece bastante claro que Junts per Catalunya (Junts) lleva las cloacas como signo distintivo; algo que les pasa, por cierto, a no pocos de los grupos que identifican la patria —ya sea Cataluña, Euskadi o España— con el permiso para llenarse los bolsillos en la tarea de defenderla.

Las cloacas no las inventó CDC, ni tampoco lo hicieron Pujol, Puigdemont, Junts o la propia Borràs, pero sí que han contribuido todos ellos a que se mantengan bien repletas de excrementos. Así que cabe entender, aunque no sea su propósito, que la señora Borràs calla porque no necesita ayuda suplementaria. Pero sí que le va a hacer falta para explicarse cuando sostiene que tras las elecciones catalanas, en el supuesto que da por hecho que sucederá, que su partido las gane, para ser investida como presidenta de la Generalitat no aceptará los votos que vengan del 155, es decir, los del Partido Socialista de Cataluña (PSC) porque pensar que puedan apoyarle el Partido Popular o Ciudadanos es un puro dislate.

Pero ¿cómo se hace eso? Cualquier sesión de investidura acaba con una votación en la que no existe mecanismo alguno para rechazar votos. Éstos se contabilizan mediante una suma aritmética y sale lo que sale. Así que sería del todo conveniente —y de gran interés— saber si la señora Borràs saldrá del escaño escoba en mano para barrer los votos que no le gustan. No obstante, va a ser muy difícil que suceda eso porque lo más probable es que el PSC sume sus votos a los de Esquerra Republicana de Catalunya, por mucho que ambos lo nieguen. Y explicar esa negación no hace falta. Estamos muy acostumbrados a que se diga una cosa antes de las elecciones y se haga después de ellas lo contrario.

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