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Pilar Garcés

EL DESLIZ

Pilar Garcés

El desliz | Pero qué prisa tenéis

Bien por la reducción de la velocidad a 80 en la vía de cintura. Quienes gustan de competir al volante se van a tener que apuntar a la vida slow y disfrutar de la circulación relajada

Pero qué prisa tenéis

Pero qué prisa tenéis

«Corre, corre, que te están esperando en la mesa de operaciones». «¿Y tú cómo sabes a dónde va?», me preguntan asombrados los niños desde sus sillitas de seguridad en los asientos traseros. «Es un neurocirujano de prestigio internacional y le acaban de decir que se dé prisa, que hay una cabeza abierta en el quirófano, con el cerebro al aire, es una cuestión de vida o muerte». «Qué mentira, mami, si te acaba de sacar el dedo de la palabrota al pasar». En efecto, tras muchos metros pegado al culo de mi coche, gesticulando e imagino que mentándome a la familia, aprovecha que me he parado detrás de un autobús público que carga un pasajero para rebasarnos a los dos malhumorado, aunque tiene que frenar en seco su adelantamiento porque se topa con un paso de cebra y casi atropella a una señora con un andador. Los niños se ríen de él, porque entienden que hay algo de justicia cósmica en la desesperación del tipo que pega acelerones mientras la anciana avanza con pasitos de baile. «El paciente ha muerto, doctor. Hizo usted todo lo que pudo por llegar a tiempo, si no llega a ser por esa estúpida mujer lenta al volante...»

«Corre, corre, majo, que te están esperando para apagar el incendio desatado en un bloque de ocho pisos, y te llevaste a casa la llave del camión de bomberos». El tipo que adelanta por la derecha tiene una prisa loca, pero igual no tanta como el que no aminora su velocidad por la izquierda para que quienes entramos en la autopista nos incorporemos con tranquilidad a la circulación. «Qué mentira, mami, si lleva una furgoneta de pintor. Te ha gritado al pasar con la palabrota que empieza por p y eso jamás lo haría un bombero. Es una injusticia, porque en el cartel pone a 70 y tú vas a 70, y entonces él va más rápido que 70. ¿Le van a poner una multa?» Les digo que sí, de 100 euros con los que pagar escuelas, hospitales y muchos más radares en nuestras carreteras. «¿Entonces es bueno que todos los coches corran más que tú?» Es una forma de verlo.

Qué prisa tenéis. Incluso ahora, que no hay gran cosa que hacer pisáis el acelerador como si nos fuera la vida en ello. Estoy muy a favor de la disminución de la velocidad a 80 kilómetros por hora en la circunvalación de Palma: era un infierno de ruido, contaminación y estrés que va a desaparecer en pro de la civilización de la que ya gozan capitales más ecológicas y avanzadas. El collar de púas alrededor de la ciudad se va a convertir en un collar de perlas. Se acabó entrar en esa autopista frenética para acumular nervios y malos humos y llevárnoslos de casa al trabajo, y del trabajo a casa. No se circulaba bien por esa vía de cintura agresiva, con atascos permanentes y peligro constante para la seguridad de las personas. Ahora toca despacito. Podemos darle una oportunidad a la conducción lenta y disfrutar del placer de ponernos al volante sin la presión del adelantamiento constante y la necesidad de quitarnos de en medio. Una cosa menos. Adiós a las pitadas y a las ráfagas con las luces largas, igual incluso un día de estos nos animamos a usar los intermitentes. Hemos recuperado el control y la capacidad de reaccionar ante cualquier imponderable. Malo para quienes gustan de competir por ver quién llega antes, bueno para todos los demás, que llegaremos cuando tengamos que llegar, tres minutos arriba o abajo.

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