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Juan José Millas

Tierra de nadie

Juan José Millás

El rechazo

Hay autopsias muy aburridas - me confesó una médica forense a la que entrevisté para una revista de humor. - ¿Autopsias sin gracia? -pregunté yo pensando en el medio para el que efectuaba aquel raro trabajo.

-No es que una autopsia tenga que dar risa -dijo ella-. Pero hay hígados más interesantes que otros. Y quien dice hígados dice ovarios, cerebros, páncreas, pulmones, yo qué sé.

Pensé entonces en las biografías, un género literario que frecuento desde que me hice lector. He leído muchas, en fin, algunas decididamente aburridas. Ahora bien, ¿eran aburridas por culpa del biografiado o por culpa del autor del libro? Mi idea es que toda existencia tiene algún interés. La cuestión es saber contarlas. La vida en apariencia más anodina está repleta de aventuras mentales tan peligrosas como las físicas. Montar en globo es meritorio, vale, pero tener hijos (o no tenerlos, lo mismo da), asistir al entierro de los padres, estar presente en tu vejez y presenciar luego tu propia muerte, por citar cuatro o cinco situaciones por las que atravesamos todos, constituyen proezas que en sí mismas merecerían un libro por individuo. Cada persona es una novela. Lo es ya el hecho de su mera arquitectura física. Estos brazos tan raros, estás piernas tan largas (o tan cortas), esta cabeza en cuyo interior no dejan de manifestarse pensamientos locos, ideas obsesivas, deseos legales e ilegales.

Le dije a la forense que quizá el hecho de haber visto tantos hígados a lo largo de su vida le impedía observarlos con la inocencia necesaria para que continuaran sorprendiéndola. Entonces me invitó a ver hígados, lo que me pareció que podría resultar muy gracioso para la revista de humor. Estuve una mañana entera viéndolos y la mujer logró convencerme de que había, en efecto, unos más aburridos que otros.

-Pero todos tienen algo -le dije al despedirme para no dar mi brazo a torcer.

La entrevista me salió larga porque estaba trufada de opiniones personales sobre la risa y el humor y las vísceras. La envié a la revista un martes y me la rechazaron el miércoles. De vez en cuando la releo y me pregunto por qué no les gustó.

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