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Antonio Tarabini

Entrebancs | Las dos Américas divergentes

Trump supporters breach the U.S. Capitol

Trump supporters breach the U.S. Capitol STRINGER

Hace escasamente un mes tuve la ocasión de reencontrarme con un amigo de los tiempos del cuplé. Coincidimos en el curso 1969/70 en el Colegio Mayor Loyola donde yo ejercía de Director; y mi amigo, de nombre Juli y Lleidetà de origen, estudiaba el último curso en la Facultad de Química anexa al Colegio Mayor. Al finalizar sus estudios consiguió una beca en una Universidad Usa. Mantuvimos contactos discontinuos; y ahora aprovecho un reencuentro para comentar las dos Américas existentes y divergentes.

Dos días después me inundó de cartapacios. Existe una América profunda poco conocida y reconocida. Tal América profunda está ocupada por una mezcla de individuos; y por múltiples movimientos activos en sus Estados de residencia con factores comunes, pero no necesariamente relacionados entre sí. Extrema derecha, supremacía blanca, negacionistas, agitadores en redes sociales, nazis, neoconfederados, conspiracionistas. Seguidores del movimiento Liberate (la insurrección instigada por el mismo Trump en su cuenta de Twitter contra las restricciones por la covid-19) . Seguidores de Proud Boys y de QAnon insurreccionistes de la Segunda Enmienda en defensa de las armas; y Groypers, activistas de ultraderecha y de la supremacía blanca. Trump se convirtió en su aglutinador y en su líder.

El asalto al Congreso no es el simple fruto de un presidente aberrante, sino también tres factores básicos. El primero la realidad global de una creciente desigualdad. En los últimos 40 años, los frutos del desarrollo económico han ido a parar de forma desproporcionada a un pequeño grupo que está en la cima y eso ha hecho que millones de personas de clase media y trabajadora se sientan atrapados, frustrados y traicionados. Es un problema con una fuerte dimensión geográfica: las grandes áreas metropolitanas son relativamente prósperas, pero el campo no.

El segundo factor son las redes sociales, instrumentos de la propagación del discurso del odio y el reino de la mentira, forman un sistema inmenso, rápido y sin regular en el que cualquiera puede publicar o recibir cualquier cosa, sea cierta o no. Es terreno abonado para el discurso del odio, las teorías de la conspiración y las mentiras capaces de empujar a la gente a la acción. Twitter ha sido el instrumento de comunicación de Trump.

Y la tercera causa es que EE UU posee un sistema de partidos especialmente duradero: no tienen más que dos grandes partidos que se han repartido el primer y el segundo puesto en todas las presidenciales desde hace 160 años. Hasta los años sesenta del siglo XX, el Partido Demócrata era una extraña alianza de la clase trabajadora urbana y el sur blanco conservador, «pero cuando los demócratas asumieron los objetivos del movimiento de los derechos civiles, el Partido Republicano empezó a arrebatarles ese voto blanco sureño hasta apoderarse de él por completo. El proceso lo convirtió en un partido mucho más conservador y apoyado en otra alianza también extraña, la de los intereses empresariales y la masa blanca menos próspera y menos culta. Trump consiguió la nominación en 2016 gracias a que supo explotar muy bien el resentimiento de los votantes republicanos por la postura de la dirección del partido en favor del mercado y del liberalismo cultural. Es evidente que los líderes republicanos no sabían ni saben cómo ganar la lealtad de sus votantes sin recurrir a los métodos de Trump» (N.Lemann).

Y ahora ¿qué? El Capitolio ahora es un edificio noble tomado por el Ejército como en tiempo de guerra. Un imponente despliegue de la Guardia Nacional custodia el amplio perímetro de seguridad alrededor del complejo que acoge la Cámara baja y el Senado, cercado por altas vallas de hierro. Dentro, centenares de militares dormían sobre los suelos de mármol.

La Cámara de Representantes y el Senado, donde reside (se supone) la Soberanía Popular, tienen la capacidad de imputar (impeachment) a Trump. No es tarea fácil. La Cámara de Representantes, donde los demócratas tienen la mayoría, votó este miércoles a favor de juzgar al presidente republicano por «incitación a la insurrección» tras el violento asalto al Capitolio, hace una semana, por parte de unos ultras arengados por él mismo. Pero no está claro cuándo Pelosi traslade el caso al Senado, donde a pesar de que los demócratas tengan mayoría, necesitan votos republicanos para alcanzar los dos tercios de votos para obtener el impeachment definitivo de Trump. Hay quienes piensan que retrasar el juicio hasta después de la «coronación» de Biden como Presidente de EE UU, facilitaría la imputación de Trump, incluida la prohibición de presentarse nuevamente a Candidato a Presidente USA.

El futuro es complejo y no está escrito. ¿Qué harán los millones de norteamericanos que votaron a Trump, y los diversos movimientos de signo ultraderechista? ¿Cómo se recompondrá el partido Republicano debería recomponer su estrategia? Incluso los Demócratas, aún gozando de la Presidencia y la mayoría en la Cámara de Representantes y en el Senado, deberán reconstruir su estrategia.

Queda abierto otro escenario ¿Qué «influencia» tiene la extrema derecha norteamericana y sus entornos en la derecha/ extrema europea y española? En mi próxima colaboración intentaré dar respuesta al último interrogante.

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