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Ilustración. Armas

Ilustración. Armas Ingimage

La noticia ha pasado casi desapercibida, quizá porque la lotería navideña acapara en estos días todas las portadas y comentarios, pero lo cierto es que nuestro país ha batido el récord de permisos de exportación de armas alcanzando más de 22.000 millones de euros en el primer semestre del año de la pandemia. Una cifra que supera todo el armamento vendido al exterior en la suma de los años 2018 y 2019.

Lo de la lotería es un signo de identidad que nos destaca a los españoles en todo el mundo. Verdad es que otros países europeos como Italia, Francia, el Reino Unido y sobre todo Portugal reparten premios jugosos en estas fiestas y que muchos otros aprovechan la ilusión de salir de la miseria para engordar las cuentas de Hacienda mediante sorteos durante todo el año pero sólo el nuestro hace del gordo de Navidad un fenómeno de masas. Se ha vuelto incluso toda una referencia cultural gracias a anuncios como el del sorteo de la Lotería Nacional, que supone un alarde en forma de documental comparable a verdaderas obras maestras del cine. No ha habido gobierno ni ideología aquí que sea capaz de oponerse siquiera a semejantes excesos por más que los matemáticos pongan a la altura del betún la probabilidad de llevarse un premio importante.

Los permisos de exportación de armas alcanzando más de 22.000 millones de euros en el primer semestre del año

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Pero lo de la venta de armas es otra cosa. Ahora que desde el Gobierno de coalición se ha optado por someter todo nuestro orden constitucional a un proceso de acoso y derribo, llama la atención el que un sector tan sospechoso para la política y el pensamiento supuestamente progresista como es el del tráfico de armas alcance unas cifras semejante sin que el pepito grillo de turno, vicepresidente de oficio, o cualquiera de sus subordinados que le toman el relevo hayan dicho palabra alguna acerca de lo que supone sumarse con semejante empuje a la venta de armas. Porque es más que obvio que los compradores del material bélico no son sólo Estados de derecho que utilizan el armamento como simple cautela defensiva. Por más que nuestro principal cliente sea la OTAN, en la lista de compradores siguen luego países como Singapur, Arabia Saudita, Kazajistán y Omán. Que la Secretaría de Comercio haya enviado a las Cortes un informe en el que se justifica el aumento desorbitado de ventas de armas por los aviones de transporte Airbus montados en España y vendidos luego a Alemania, Francia y otros miembros de la Unión Europea, con Gran Bretaña aún incluida, no permite disimular sin más sobre el hecho de la exportación de armamento a países que se encuentran bajo sospecha a la hora de preguntarse qué hacen con él. Pues bien, seguimos esperando que quienes presumen de progresía extrema se inquieten siquiera por semejante negocio mientras ponen el grito en el cielo al hablar de la jefatura del Estado o insultan a quienes se preocupan por lo que sucede con la educación en las escuelas.

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