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Joaquín Rábago

360 grados

Joaquín Rábago

Alianzas malsanas aunque lógicas

Alianzas malsanas aunque lógicas

Alianzas malsanas aunque lógicas JOAQUÍN RÁBAGO

El jefe de la diplomacia rusa recibió hace unos días, según cuentan medios germanos, a los copresidentes de la ultranacionalista Alternativa para Alemania (AfD). Lavrov expresó a sus visitantes el agradecimiento de Moscú por la contribución de ese partido de oposición a las relaciones entre ambos países.

La AfD, tercera fuerza del Parlamento alemán, se ha mostrado siempre a favor del levantamiento de las sanciones occidentales contra Rusia a raíz de su anexión ilegal de Crimea.

Y no sólo eso, sino que algunos políticos de ese partido ultraderechista han visitado tanto Crimea como las regiones de Ucrania rebeladas contra el Gobierno de Kiev.

La visita a Moscú de los dirigentes de la AFD respondió a una invitación de la Duma (Parlamento ruso), pero el hecho de que dos simples diputados de la oposición alemana fueran recibidos por el ministro de Exteriores no deja de revestir importancia.

La prensa alemana relaciona la revalorización de esa visita por Lavrov con la indignación de Moscú por la visita que la canciller federal alemana, Angela Merkel, hizo al opositor ruso Aleksei Navalni mientras se recuperaba en un hospital berlinés del envenenamiento atribuido a agentes rusos.

Algunos políticos de AfD han llegado a suscribir las tesis rusas según las cuales el envenenamiento con el agente nervioso Novischok pudo ser obra de los servicios secretos estadounidenses.

Lavrov se quejó a sus visitantes de que personalidades del mundo oficial alemán prefirieran reunirse con opositores a su Gobierno a hacerlo con representantes del Parlamento ruso.

Moscú considera además que las llamadas «revoluciones de colores» – es decir las masivas movilizaciones populares en el espacio post-soviético contra líderes autoritarios como las de Georgia o Ucrania- han sido orquestadas por Occidente.

Y el Gobierno ruso ha decidido responder con la misma moneda, reuniéndose con o apoyando a quienes están en la oposición en los países de la UE y ponen en tela de juicio a la OTAN como es el caso de la AfD y de la dirigente del Frente Nacional francés, Marine Le Pen.

O haciéndolo incluso con quienes están en el Gobierno, pero se distinguen por su oposición al eje franco-alemán como ocurre con el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, cuyas tendencias más autoritarias le aproximan cada vez más al presidente ruso, Vladimir Putin.

Se trata de alianzas malsanas aunque en cierto modo lógicas, que dan testimonio de una especie de nueva guerra fría que puede interesar tanto a Washington como al Kremlin, pero que en nada benefician a la unidad del continente.

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