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Luis Sánchez Merlo

Regalos póstumos

El penúltimo suspiro de Trump antes de ahuecar el ala, ha sido anunciar, a través de su principal ventana mediática, el reconocimiento de la plena soberanía de la monarquía alauí sobre toda la región del Sáhara y el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Israel y Marruecos. Antes de hacer pública su decisión, el espontáneo ‘pato cojo’ que sigue sin resignarse a la derrota, habría confirmado al monarca alauí tener listo un «decreto presidencial, con plena autoridad legal y política y con efecto inmediato» apostando, junto a la soberanía, por un plan de autonomía como solución al conflicto. Nunca se había llegado tan lejos en la ruptura de un consenso internacional mantenido durante décadas. De ahí que se entienda que el reconocimiento, ilícito, transgrede fundamentos del Derecho Internacional. La ONU, donde la cuestión del Sáhara Occidental es uno de los pocos temas tratados, de forma regular pero sólo a puerta cerrada, por el Consejo de Seguridad, ha puesto de manifiesto que su posición no ha experimentado ‘cambios’ tras esta proclama. Solo a raíz del telefonazo, Marruecos se arrancó con el anuncio que le convierte, tras los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán, en la cuarta nación árabe que reconoce a Israel, en los últimos meses. ¿Se normalizan relaciones, a cambio de venta de armas? La lustrosa e ilícita jugada del socio americano, garante de futuras compras de armamento y protección de «fronteras» geopolíticas, es un regalo a sus fieles aliados y a quienes han mostrado su anuencia, Francia y Reino Unido. Entrega que, de momento, echa por tierra las aspiraciones del Frente Polisario (FP) y deja a España, que abandonó el territorio sin renunciar a su condición de Administradora, lo que no permitía su entrega a un tercero, en posición desairada.

El Sáhara Occidental, calificado como un caso «único en el mundo», es uno de los últimos vestigios de los procesos de colonización protagonizados por Europa durante los dos últimos siglos. La azarosa renuncia de España a su última colonia desencadenó el inicio de una invasión militar, ilícita, por parte de Marruecos, que perdura. Tras los enfrentamientos armados con el FP y la presión de la Marcha Verde, en 1976, al Ejército no le quedaron muchas opciones y optó por abandonar, con dignidad y el corazón dolorido, un territorio ocupado por España durante casi un siglo y considerado por la metrópoli como una provincia más. Décadas después, el Sáhara, invariable motivo de disputa entre Marruecos, Argelia y Mauritania, tiene pendiente de decidir su futuro, endémico motivo de choque con el antiguo colonizador que resiste, sumiso y en silencio, la política alauí de hechos consumados. Los más recientes: el bloqueo económico de mercancías y la relajación en las medidas de control de la inmigración en fronteras terrestres y marítima. A raíz de un reciente conflicto fronterizo, el FP declaró oficialmente el fin de su compromiso y decretó el ‘estado de guerra’ al considerar que se había violado la tregua establecida en 1991, cuando se firmó un acuerdo de alto el fuego auspiciado por NU. Días después, el vicepresidente del Gobierno español hizo unas declaraciones, que no sentaron bien en Rabat, en las que dejaba entrever su apoyo al FP, al hacer referencia a la resolución en la que el Consejo de Seguridad «…reitera su empeño en que se celebre, sin más demora, un referéndum libre, limpio e imparcial para la libre determinación del pueblo del Sáhara Occidental…» Cabría añadir la presencia, y posterior baja voluntaria, del vicepresidente segundo, en la delegación española a la cumbre prevista y el plantón sin disimulo del rey Mohamed VI, lo que ayudaría a descifrar las idas y venidas de la accidentada RAN (Reunión de Alto Nivel), cuya celebración estaba en la agenda y fue cancelada, de forma repentina, hasta nuevo aviso. La excusa, para quien se la crea, el socorrido coronavirus. Sin novedad en la posición española: referéndum para que los saharauis decidan si optan por un Estado propio u otro vínculo. A tener en cuenta que la reciente narrativa del Ejecutivo español se aleja del referéndum y se inclina por una «negociación política que permita una solución política, negociada, justa y duradera». Los más resueltos especulan con que el doble reconocimiento podría ser aprovechado por islamistas locales de la línea dura, como pretexto para socavar la monarquía alauí y concluir en un conflicto, armado y eterno, entre el FP y Marruecos, con los polisarios convertidos en los nuevos palestinos, aunque la naturaleza e historia del Sahara marroquí y la causa palestina son totalmente diferentes. El nivel de tensión en Oriente Medio no se ve alterado de manera significativa. Los países más sensibles para la seguridad de Israel son sus vecinos: Siria, Líbano, la Autoridad Palestina, Jordania y Egipto y en otro orden de cosas: Irán, Arabia Saudí e Irak. Los más lejanos son actores relativamente menores, aunque la estabilidad se afianza, como en esta ocasión, cada vez que un país árabe establece relaciones plenas. Con los reconocimientos clarean los negocios. En seis décadas de estrecha cooperación en materia de inteligencia y asuntos militares, Marruecos e Israel, han trajinado intercambios múltiples, sin dar tres cuartos al pregonero. Ahora, la soberanía marroquí se puede ver acompañada de inversiones americanas, más regalos, en el Sáhara Occidental: tres mil millones de dólares en proyectos relacionados con energías renovables, bancos y hoteles. Por su parte, Marruecos compraría armamento estadounidense (drones y munición guiada de precisión) por valor de mil millones de dólares. La normalización de relaciones ha servido para desbloquear el reparo israelí a la venta al reino alauí de los sofisticados cazas de combate F-35, previstos en el acuerdo militar firmado con los estadounidenses, con lo que verá reforzada su fuerza aérea.

Quizá ayude a entender lo que está pasando, examinar coincidencias: reposo del monarca alauí, tras la operación de corazón el verano pasado, debido a una recaída en la arritmia que padece; ruptura española de antiguas tradiciones, sin calibrar susceptibilidades; antipatía mutua entre interlocutores; eclipse de quien despejaba crisis y campaña non stop contra la institución monárquica.

Cerradas al comercio transfronterizo Ceuta y Melilla y llegados a Canarias 20.000 inmigrantes, ya dispersos por la península, Marruecos ha vuelto a estar presente en la crisis de España ahora dividida y vulnerable, a la que el órdago le ha pillado con las prioridades en otros asuntos. Tampoco se ha enterado la oposición. El Gobierno se ha visto sorprendido con regalos, póstumos y estratégicos, del derrotado presidente, en forma de alianza estratégica que interesa a EE. UU- Israel-Marruecos y afecta, abiertamente, a la seguridad e integridad territorial de España, irrelevante tras este salto doble en el tablero geopolítico.

Advierte un refrán popular, «quien siembra vientos recoge tempestades», de las consecuencias que se derivan de acciones descuidadas o malas doctrinas.

Materia de reflexión, noventayochista, para navidades de pandemia.

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