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Camilo José Cela Conde

Marcha atrás en el tiempo

Ratones con la vista recuperada.

La revista Nature ha publicado dos artículos -uno de investigación y un comentario sobre ésta- que arrojan luz sobre un proceso que se nos antoja tan inevitable como irreversible: el del envejecimiento. Como secuela de lo que en ambos se desentraña cabe hacerse una pregunta: ¿sería posible dar marcha atrás en el tiempo y lograr que organismos avejentados recuperen funciones y capacidades de las que disponían en la juventud? Estamos hablando de mamíferos, no de salamandras o estrellas de mar que, como se sabe, son capaces de regenerar incluso partes del cuerpo perdidas.

La respuesta sorprendente es que sí; al menos en ratones de laboratorio. Y respecto de un sentido esencial: el de la vista. El artículo publicado por Yuancheng Lu, investigador del Paul F. Glenn Center for Biology of Aging Research (Harvard Medical School, Boston, Estados Unidos), y colaboradores aparecido a principios de diciembre de este año abordaba el envejecimiento bajo la hipótesis de que se trata de un proceso degenerativo causado por alteraciones epigenéticas (es decir, acumuladas en el desarrollo del organismo posterior a la fecundación del óvulo por el espermatozoide). Los autores siguieron un trabajo publicado por Alejandro Ocampo y colaboradores en 2016 en la revista Cell cuyas conclusiones apuntaban la posibilidad de una regeneración parcial del envejecimiento causado por genes modificados de forma artificial para forzar a que los ratones envejeciesen rápidamente. Yuancheng Lu y colaboradores se centraron a su vez en la pérdida de funciones y de capacidad regenerativa de los tejidos del sistema nervioso central, tomando la retina del ojo de ratones ancianos como diana. Dicha pérdida se atribuye, como hipótesis más extendida, a la metilación de la molécula esencial de la información genética, el acido desoxirribonucleico. Si el ADN de los ratones jóvenes cuenta con posibilidades de regenerar tejidos retinales, una vez que se produce la metilación los ratones ancianos tienden a quedarse poco a poco ciegos.

Lo más sorprendente es que Yuancheng Lu y colaboradores, reprogramando el conjunto de genes OSK que se expresa en la retina, han logrado restaurar los patrones juveniles. Como resultado, los animales ancianos recuperaron la vista. El comentario de Heidi Ledford aparecido en Nature habla de una marcha atrás en el reloj biológico.

Antes de que las personas mayores -como yo- echen las campanas al vuelo hay que tener en cuenta que se trata de un éxito pionero, referido a una especie distinta a la humana y en términos de experimentación en el laboratorio. Pero lo esencial es que Yuancheng Lu y colaboradores han demostrado que la regeneración es posible también en mamíferos, siempre que se conozca lo bastante el proceso que ha causado el envejecimiento y que ea posible restaurar los genes que han perdido su función juvenil.

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