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Ya no hace tanta gracia

Lindo, quisiera ser árbitro para soplarte el pito”. No, no me he vuelto loca al empezar este artículo, aunque si le dijera algo así en la calle a un muchacho, me tomarían por una descarada. El cortejo con el que abro este texto pertenece a una campaña del ayuntamiento de El Verger (Alicante), con la que pretenden darle la vuelta a los piropos y concienciar sobre la cosificación de la mujer cuando se le somete a este tipo de comentarios. Se supone que los tiempos están cambiando y el fenómeno del acoso callejero, y del malestar que genera a quien lo sufre, es cada vez más visible. Un informe de la ONG Plan Internacional refleja que la primera vez que una mujer recibe un piropo es entre los doce y los catorce años y que una de cada cuatro niñas de doce años ha experimentado acoso callejero. Los números son tozudos. Aun así hay quien se niega en reconocer este hecho.

El piropear a una mujer por la calle está tan interiorizado en el imaginario colectivo que cuesta ver en esas palabras, supuestamente halagüeñas, una connotación machista e, incluso, agresiva. Así lo han demostrado los vecinos de la ciudad cuando los medios de comunicación les entrevistaron. “Me parece asqueroso”, comentó una señora. “Yo no quiero que mi hija vea eso porque después me va a preguntar”, insistió preocupado un padre. A las pocas horas de que los operarios del Ayuntamiento colgaran los carteles, muchos fueron arrancados por los vergeria-nos y acabaron en el contenedor de la basura. Parece que no es tan gracioso cuando una mujer piropea a un hombre.

¿Acaso las mujeres no sentimos atracción sexual? ¿No es una forma de represión calificar de asqueroso o de vergonzoso piropear a un hombre? ¿Se va a seguir perpetuando el papel pasivo de la mujer en el sexo? El descontento de los ciudadanos con esta campaña refleja la necesidad de seguir insistiendo en un cambio de visión del rol de la mujer y del hombre en la sociedad. El machismo sigue latiendo en las entrañas de cada ciudad, de cada pueblo, de cada casa, tanto en los hombres como en las mujeres. No es un tumor que podamos extirpar de raíz, hace falta seguir trabajando con ahínco para conseguir un mundo verdaderamente igualitario.

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