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Antonio Tarabini

Ley de Educación. Diálogo de besugos

19 NOVIEMBRE 2020;ISABEL CELAÁ;CONGRESO DE LOS ...

Hace escasos días estábamos con tres amigos en un bar tomándonos unas cañas. Inevitablemente salió como tema de conversación La Ley de Educación. Todos coincidíamos en que se trata de una ley fundamental que puede condicionar nuestro presente y futuro. Los cuatro, mis tres amigo y yo, estábamos cabreados por convertir el Parlamento, sede de la soberanía popular, en griterío casi permanente salpicado con insultos y descalificaciones. Los cuatro, yo incluido, no siendo de las mismas tendencias políticas, ‘comprendimos’ el desencanto y el cabreo ciudadano ante la política y los políticos. Un compañero de cerveza, ya un poco harto regresa al tema de la Ley de Educación: «Sin modificar sus contenidos esenciales ¿no sería posible escuchar y pactar algunas divergencias entre la mayoría y la oposición?». De momento, parece casi metafísicamente imposible inaugurar una actitud abierta con voluntad de llegar a acuerdos. El otro compañero y amigo, probablemente el más comprometido en política, concluyó la conversación. «No hay ánimo dialogante, ni se escuchan, ni debaten, ni tienen voluntad de pacto, ni tan siquiera de mínimos. Su falso debate es simplemente un diálogo de besugos». De tales comentarios surge el título y el contenido de este artículo.

La Ley de Educación se ha aprobado con los votos del PSOE, Unidas Podemos y de ERC, PNV, Bildu y de otros grupos minoritarios. Se han opuesto el PP, Vox y Ciudadanos con amenazas de recurrirlo ante el T. Supremo y de paso remitirlo a la UE. El Presidente del PP regional, Rafael Company, siguiendo el talante radical de su Presidente Pablo Casado, ha afirmado que cuando el PP gobierne en Balears su primera decisión será suprimir la vigente Ley de Educación y redactar otra. ¿Qué se ha hecho de aquel nuevo talante anunciado por Casado el día de la Moción de Censura? Mientras Ciudadanos parecía querer recuperar el teclado del centrismo, ha dado un NO rotundo, que su lideresa justifica por el voto positivo de ERC y especialmente de Bildu. Cs también ha mostrado indignación por no incluir el castellano como lengua ‘vehicular’ en Cataluña. Ni tan siquiera ha aceptado bajar la tensión que impide cualquier viso de diálogo que posibilite acuerdos de mínimos en asunto de Estado sin perder por ello su estatus de oposición. Se dialogó con Organizaciones y Asociaciones representativas de maestros/profesores, de padres/madres, de alumnos, y de un largo etcétera. Las reacciones fueron diversas y plurales.

No superamos el diálogo de besugos. La educación exige estabilidad, y desde 1970 hemos sufrido siete leyes referidas a la Educación. Esta es la manera de cargase el sistema educativo de un país, siendo las víctimas principales los alumnos y profesores. Tal estabilidad está viva y activa, especialmente en los países del norte europeos. Un cambio político no implica un cambio de contenidos ni de metodología. La Ley recién aprobada nace con voluntad de estabilidad y permanencia pero…

El último ejemplo ocurre en 2013 siendo Presidente Rajoy y ministro de Educación Ignacio Wert, se redacta una nueva Ley de Educación. Nace para anular la LOE y la LOGSE, dos leyes socialistas a las que el PP siempre se opuso. Es calificada como sectaria, discriminatoria y retrógrada. Vuelve a dar plena validez académica a la asignatura de Religión, recupera las pruebas externas de evaluación o reválidas, recorta las becas universitarias y establece concierto con los colegios que separan por sexo a los alumnos. Encontró fuerte oposición en todos los grupos políticos, así como en el profesorado y alumnos, que desemboca en manifestaciones, concentraciones y huelgas. El ministro Wert fue cesado el 25 de julio de 2015, y recompensado nombrándolo Embajador de España ante la OCDE residencia en París. Ejemplo claro de lo que no hay que hacer.

La Ley de Educación que acaba de aprobarse nace con voluntad de permanencia en un mundo complejo y cambiante, priorizando la igualdad de oportunidades a todos/as al acceso a una educación pública de calidad, incluyendo los centros concertados. Esta última aseveración para algunos es un ataque directo a la escuela concertada. No tiene por qué ser así. Lo justo para otros, entre los que me incluyo, es que la enseñanza concertada, con sus peculiaridades, debe considerarse educación pública al estar financiada con dinero público.

Hoy he intentado describir los entornos y actitudes que imposibilitan una Ley consensuada políticamente, con unos mínimos objetivos comunes. En próximas colaboraciones intentaré abordar sus objetivos estratégicos; así como sus propuestas más relevantes, algunas de ellas objeto de discrepancias.

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