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No busquen el 14.320

Si pretenden hacerse con un décimo para el sorteo de la lotería de Navidad con el número 14.320, ni lo intenten: está agotado desde hace días. A algún genio se le ocurrió cavilar que la cifra fetiche de este año sería la que incluyera el día, mes y año en que se decretó el primer estado de alarma de la pandemia, el 14 de marzo de 2020, y se desató un tropel. Si el Gordo cae en ese número habrá que creer que a Pedro Sánchez le asisten las meigas y que el calvo de la Lotería es capaz de dibujar con los lápices de colores del destino una gracia gruesa para maquillar un año que pasará a la historia como una broma pesada.

Si admiten un consejo, crucen los dedos y encarguen su número en la administración en la que adquiere Otegi sus participaciones, que quien bendijo a los que elegían a sus víctimas jugando a la ruleta rusa tiene esta Navidad la pedrea asegurada. O entérense en qué despacho compra sus décimos Rufián, ese jugador con ventaja cuya especialidad es tocar las bolas del bombo político. Que estos dos tipos están benditos lo ve hasta un ciego. Por eso el presidente del Gobierno solo juega al cupón de la ONCE.

Yo este año consultaré a mi perro, a ver de qué forma me dicta el número de la suerte en un año en que todos en mayor o menor medida hemos tenido ya una suerte perra. En 2015, un galgo de nombre ‘Eneas’, al cuidado de una sociedad protectora de animales de Madrid, pronosticó que el 81.703 sería el número premiado, pero no acertó: que el animalito tuviera bautizo helenístico no le convierte en el adivino Tiresias. Además, ¿cómo va a vaticinar el Gordo un perro tan flaco? Y un último consejo al azar: de aquí al 22 de diciembre, mejor apaguen el audio televisivo a las homilías del doctor Simón, que resulta ya más cansino que la cantinela de los niños de San Ildefonso.

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