La Federación de Asociaciones de Vecinos de Palma cumplirá cuatro décadas de existencia, el próximo jueves, 26 de noviembre. Tal aniversario es una buena oportunidad para repasar la trayectoria, significado y aportación realizada por el movimiento vecinal en un municipio tan amplio, complejo y diverso como el de Palma.

Las asociaciones de vecinos nacieron en los albores de la democracia, en un tiempo en que la ilusión colectiva y las ganas de implicarse y participar en la vida cívica eran patentes, después de décadas de restricciones y vetos impuestos por la dictadura franquista. Como tantas otras cosas, las agrupaciones vecinales han tenido una trayectoria y un impacto desigual y en la mayoría de casos, tras una primera época de plenitud, se han ido desvaneciendo o han tenido una actividad lánguida. Sin embargo, en Palma, han logrado no solo estabilizarse, sino transformarse en una estructura imprescindible para la vitalidad de la acción pública del municipio. La misma creación de la Federación responde a esta realidad que los logros hacen indiscutible. El hecho de que el movimiento vecinal haya conseguido adaptarse a cada tiempo y situación, superando no pocas dificultades, resulta altamente positivo. Los éxitos alcanzados permiten afirmar que, sin las 49 asociaciones registradas y la Federación que las agrupa y coordina, Palma no sería hoy la misma. Es decir, sería menos vitalista y dinámica y contaría con menos instrumentos para afrontar el cúmulo de dificultades y retos que la acechan.

El gran logro de las asociaciones de vecinos ha sido el de saber dotarse, en general, de unos líderes integradores provistos de ideas y objetivos claros. De este modo se han podido introducir cuestiones trascendentes, sobre todo en la agenda política de la ciudad, consolidar la cohesión de las barriadas y acelerar los procesos de solución de los problemas, necesidades y proyectos planteados.

Ello ha sido posible también porque quienes han estado al frente de la federación han tenido la visión suficiente para no transformar la entidad en correa de transmisión de los partidos políticos de turno. De no haber sido así, el arraigo popular hubiera quedado en misión imposible, y eso que ha habido sobrados intentos y maniobras de instrumentalización política del movimiento vecinal de Palma. Basta recordar que en tiempos del alcalde Joan Fageda, el hombre fuerte del consistorio, José María Rodríguez, llegó a crear una estructura paralela con el objetivo de neutralizar el sano impulso vecinal liberado del mero interés político.

Todo había empezado al tiempo que Ramon Aguiló llegaba a la alcaldía. El Parc de la Mar es la primera gran aportación debida a la iniciativa de las asociaciones de vecinos, pero después han venido otras muchas de las que también cabe destacar, sobre todo, la estructura creada para una lucha contra el analfabetismo que después se ha convertido en una permanente educación de adultos.

Para obtener la firmeza y los logros alcanzados, entre los que figuran las grandes fiestas cívicas que hoy tiene Palma, ha sido vital también el papel y la claridad de principios de una mujer como Rosa Bueno y el trabajo firme y discreto de Joan Font. La Federación ha recibido un nuevo impulso con su presidente actual, Joan Forteza y ha tenido la sensibilidad suficiente para exigir orden en el alquiler vacacional.