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El mundo de la política y el enigma Trump

Bob Woodward desentraña en ‘Rabia’ el Gobierno por impulsos personales del derrotado presidente

Ilustración

Los votantes estadounidenses acaban de despedir a Donald Trump del puesto que ha ocupado durante los últimos cuatro años en la Casa Blanca, también por decisión suya. Su elección en 2016 sorprendió un tanto y causó una fuerte conmoción en todos los ambientes políticos. Su presidencia ha sido seguida muy de cerca por la opinión pública internacional y ha suscitado una polémica que se mantiene siempre encendida.

Después de una gestión muy conflictiva Trump deberá abandonar el cargo, a pesar de que en el duelo con Biden de la semana pasada haya recibido más votos que cuando resultó elegido. Todo esto hace que la pregunta por el misterio político de Trump tenga pleno sentido. La lectura de Rabia lo corrobora. Bob Woodward entró en la leyenda del periodismo de investigación gracias al escándalo Watergate, desatado por unas averiguaciones que hizo con su colega Carl Bernstein sobre prácticas de espionaje en la sede del Partido Demócrata en las que estaba implicado el presidente republicano Richard Nixon, que se vio obligado a dimitir. El relato de las pesquisas mereció el premio Pulitzer, galardón que volvió a conseguir en 2003 con otro libro sobre los imborrables atentados del 11 de septiembre. Woodward ha escrito unos cuantos títulos más. Trump le reprochó haber publicado Miedo en 2018 sin haber hablado con él, de manera que cuando pensó en escribir otro libro sobre el presidente no dudó en llamarle.

Entre diciembre de 2019 y julio de este año concertaron 17 entrevistas. Los encuentros provocan cierta frustración en el periodista. Acude a ellos con el deseo de hablar de política, «lo que importa», y se va con la sensación de que no lo ha logrado. Las citas le permiten observar sin intermediarios el modo de ser y de actuar de Trump, pero sus insistentes preguntas no suelen tener una respuesta satisfactoria. Le propone Corea, China, el racismo, el impeachment, la pandemia, los temas de actualidad, y siempre obtiene la misma contestación, esquiva en el fondo, vanidosa y hermética. Raramente consigue de Trump la información que busca en él sobre los asuntos más candentes. El presidente no muestra el interés que se le supone y no es capaz de ofrecer argumentos distintos a los eslóganes que difunde en sus mítines. Sus palabras son un autoelogio constante y dan vueltas obsesivamente a la idea de que los países considerados amigos y socios de Estados Unidos son, en realidad, parásitos que se aprovechan de su generosidad, por lo que ha llegado la hora de que empiecen a arreglárselas por su cuenta y, en primer lugar, a pagar su parte de la seguridad mundial.

Cada conversación es un pulso entre la firmeza indagatoria de Woodward y la actitud desdeñosa de Trump hacia todo aquello que no sea reconocer sus aciertos y la relevancia de su persona. Pero Woodward utiliza muy diversas fuentes de información, casi todas cercanas a su interlocutor, y consigue así la información que le falta sobre la postura de Trump en los asuntos decisivos para el país. En el libro presenta lo que sabe, relata minuciosamente cada uno de los muchos ceses o dimisiones que se suceden, describe a la perfección el ambiente que se respira en reuniones del más alto nivel, pone el foco en los hechos a los que concede especial significado, pero no emite juicios. La información acumulada, expuesta de forma austera y ágil, basta para que el lector complete el retrato de Trump y pueda esbozar un balance de su gestión. Woodward solo hace explícita su opinión en las páginas finales del epílogo. Él había percibido que Trump era consciente de la responsabilidad del cargo cuando en una de las entrevistas se refirió a la dinamita que en la vida política había detrás de cada puerta. Ahora sentenciaba que la dinamita era el propio Trump, un político incapaz, que niega tercamente los hechos, no escucha, desconfiado, que no tiene un plan, ni reconoce un error, impredecible y hostil.

Trump ha convertido «sus impulsos personales en principios de gobierno”». Con esta afortunada expresión, Woodward resume al presidente Trump. Y, en la última línea del libro, remata su dictamen: «No era el hombre adecuado para este trabajo». Sin embargo, en los cuatro años de su mandato Trump ha ganado votos. La pregunta por qué es, entonces, insoslayable.

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