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JOrge Dezcallar

Noche de nervios

Lo que hoy pase en las elecciones norteamericanas nos afectará a todos durante los próximos cuatro años: está en juego saber quién va a dirigir la mayor superpotencia mundial

Acabamos de celebrar el Día de Difuntos que con las modas americanas en boga se convierte en Halloween para inspirar terror y diversión a los niños, y sin apenas solución de continuidad entramos en otra noche que esta vez da miedo a los mayores. En los Estados Unidos, por supuesto, pero también alrededor del mundo porque lo que hoy pase en las elecciones norteamericanas nos afectará a todos durante los próximos cuatro años. Supongo que algo parecido sucedía en tiempos del Imperio Romano, cuando no era igual que el emperador fuera Trajano o Calígula.

Hay varias razones para estar preocupados:

La primera es la de saber quién va a dirigir a la mayor superpotencia del planeta hasta 2025. Cuatro años más de Trump debilitarán aún más a las organizaciones internacionales como la ONU, la OMC, la OMS, la UNESCO, etc, que solucionan los conflictos o al menos tratan de hacerlo y permiten que los países se desfoguen y no recurran a la violencia. En un mundo desregulado y sin normas imperará la ley del más fuerte, habrá más guerras comerciales, más proteccionismo y el resultado de America First será empobrecedor para todos. Y seguiremos echando de menos liderazgo a escala global para combatir la pandemia.

La segunda es la de saber si conoceremos o no los resultados de la elección presidencial esta misma noche o no. Lo conoceremos si hay una victoria muy clara de uno u otro candidato. El tema es importante porque si el resultado es apretado y pueden influir los votos por correo, esos que Donald Trump rechaza por considerar –sin aportar pruebas– que se prestan a un pucherazo electoral, entonces el país se puede enzarzar en una larga batalla que hará las delicias de los abogados y constitucionalistas y que mantendría al país en vilo durante varias semanas. Y puede ser una pelea muy acerba. Recuerden que el año 2000 el recuento de Florida entre George W. Bush y Al Gore duró un mes. Y estos días Trump repite que esto «terminará en el Tribunal Supremo» que no hay que olvidar que tiene un sesgo muy conservador gracias a los tres jueces nombrados en los últimos cuatro años.

La tercera es que una disputa agria podría conducir a la deslegitimación del sistema y a la pérdida de confianza en la democracia que ello podría acarrear, porque sería sin duda aprovechado por sus enemigos de Rusia y China para regar en la mente de la ciudadanía las dudas que antes ha sembrado el todavía presidente. La democracia ha sufrido en todo el mundo –y también en los EE UU– desde hace ya unos años y la pandemia del Covid-19 lleva agua al molino de los que piensan que los regímenes autoritarios son más eficaces en tiempos de crisis como el actual. Moscú y Beijing no son ajenos a este creciente estado de ánimo.

La cuarta es que no hay que descartar violencia si un candidato se niega a aceptar un resultado electoral adverso. Trump ha sido muy ambiguo cuando se le ha preguntado al respecto, igual que ha dejado dudas sobre una pacífica transferencia del cargo. Tiene razones para agarrarse al sillón presidencial porque la Justicia le está esperando con varios casos abiertos por cuestiones financieras y de impuestos. Por vez primera en una noche electoral algunas ciudades están protegiendo negocios y escaparates con grandes tableros (boarding up, lo llaman) en anticipación de lo que pueda pasar, como si se prepararan para la llegada de un huracán. Y no se descartan grupos que intimiden a los votantes cerca de los locales de votación. Ya ha habido Casio.

Por eso lo mejor que podría pasar en mi opinión para los EE UU y para el mundo es que esta noche hubiera una «ola azul», que es el color del partido Demócrata, que no dejara duda sobre quién ha ganado. Pero son muchísimos los norteamericanos que no comparten esta opinión y por eso esta noche puede pasar cualquier cosa, al margen de las predicciones que hacen las encuestas y que todos sabemos que también se equivocan.

Todo parece indicar que Biden va a ganar pero nadie descarta que lo pueda hacer Trump empujado por el activismo mostrado estos días, por su empuje frente a un Biden más apagado (Sleepy Joe le llama Trump en todos sus mítines), por el repunte de la economía y el descenso del paro este último trimestre.

Crucemos los dedos.

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