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Llorenç Riera

Lletra menuda | Tropiezo con una enfermedad colectiva

Las reuniones con cara seria en el ayuntamiento de Manacor, las llamadas de atención y a la responsabilidad desde la misma casa consistorial y el veto a visitas y a acompañantes de los ingresados en el hospital han sido los primeros síntomas de una enfermedad colectiva que ahora se desvela seria y preocupante “porque no obedece a ningún patrón”.

Manacor está enfermo de coronavirus y el tratamiento ya no puede ser individual. Cerca de 200 casos confirmados y una tasa de 400 por 100.000 habitantes en los últimos 14 días obligan a una reacción inmediata y a una actuación de conjunto. La dimensión del descontrol la da la comprobación de que la gerencia del hospital ha pedido contundencia y baraja el confinamiento del municipio. El consistorio, con el lógico susto en el cuerpo, la acepta porque los datos reveladores le agobian. La cuestión está en saber si realmente agobian también a la población porque sin tal aprieto no hay remedio. La alarma está creada. Tiene justificación, pero queda a expensas de la reacción cívica que, para plantar cara al coronavirus, no puede ser otra que la de la disciplina y la vida necesaria, esa que se limita a lo básico, la familia, el trabajo y la casa. Manacor, ahora plural y multicultural, necesita renunciar, por lo menos por espacio de unas semanas, a la desinhibición mediterránea de la calle. Porque el coronavirus se ha apoderado ya de ella.

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