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Miguel Vicents

La última copa de Armengol

En Balears quien dicta las normas para luchar contra la pandemia no las cumple. No se pierdan en otras consideraciones. La noche de copas de Armengol es el mayor error político de toda la crisis sanitaria en las islas y un insulto a la ciudadanía. No había nada que celebrar. En siete meses de pandemia, 359 familias han perdido a sus seres queridos por culpa de la Covid-19, la economía se ha desmoronado y el paro aumentado en un 89,9% a las puertas del peor invierno. Podemos ser muy comprensivos con las dificultades que tiene gestionar la peor crisis, pero no tolerar que nos tomen por tontos después de tantas pérdidas. Y eso es exactamente lo que ha hecho la presidenta del Govern de forma incomprensible y con toda su experiencia política. Nos ha pedido un nuevo esfuerzo, ha suspendido las navidades, ha acabado con todos los planes de reencuentro familiar y, acto seguido, se ha detenido en un bar de mala muerte a tomarse la última copa, que es lo mismo que decir a la ciudadanía que las restricciones sanitarias que han enterrado nuestra vida social y limitado gran parte de nuestros derechos y libertades no van con ella.

¿Puede revertir todavía la situación? Podría si aún le queda voluntad para ello. El error es consustancial a la acción humana y también a la política. Eso lo asume todo el mundo que no sea un fanático. Pero las crisis de reputación no se solventan con un solo acierto, es necesaria la continuidad. Su tarea más urgente debería ser pedir perdón a los ciudadanos sin matices, sin pensar que esos detalles la justifican. La siguiente, retomar en primera persona una iniciativa política que ha ido abandonando progresivamente en cargos de confianza que nadie ha votado. No se puede delegar en todo.

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