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Llorenç Riera

La opacidad de un problema localizado

Los datos, más bien las cifras fatales, demuestran que el efecto más nocivo de la pandemia de la covid-19 está perfectamente localizado. Corroe hasta extremos inadmisibles las residencias de ancianos y asistidos de Balears y lo hace entre la opacidad y el desconcierto de un Govern que se las da de progresista y deja en entredicho su autoproclamada sensibilidad por las cuestiones sociales y de asistencia elemental.

Si siete residencias de Mallorca, de las que cuatro han sido intervenidas, acumulan 109 de las 169 muertes registradas en ellas hasta el día de ayer, significa que el drama está perfectamente localizado. Y que hay mucho por explicar y un alto nivel de exigencia y responsabilidad que debe mantenerse activo hasta que la normalidad se establezca.

Queda claro el porqué del regreso de los ancianos a su domicilio de origen. Vale más una apurada asistencia familiar que un alto riesgo de contagio en una residencia preparada solo para tiempos apacibles y bonanzas rutinarias. Al Govern le cuesta admitir que los centros asistenciales carecían de los medios técnicos y profesiones suficientes para plantar cara a una pandemia que se ha instalado a sus anchas en las residencias de mayores.

Con los datos que abofetean la realidad, no podemos caer tampoco en la tentación de diluir las defunciones y contagios de los centros asistidos en las oscilaciones más amables del comportamiento de la pandemia en el conjunto del territorio insular. Nada justifica la opaca deriva de las residencias sobre sus desmesurados contagios.

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