Han venido a casa los de «cuidados peliagudos», decía la hija de una paciente que atendimos a domicilio. Conteniendo la risa, consultamos el diccionario de la RAE, y vimos que peliagudo puede ser un «asunto o cosa difícil de resolver o entender», o «dicho de una persona: sutil o mañosa». Ambas acepciones describen aspectos de los cuidados paliativos, una atención que cuesta entender, y que sigue sin resolver. Y que para ejercerlos se necesita sutileza y experiencia. Obviando las habilidades de quienes cuidamos en este viaje único al borde del misterio, que es el proceso de morir, reflexionaremos sobre la dificultad de entender y resolver.

En nuestra comunidad, hace mas de veinte años algunos sanitarios, movidos por la necesidad de mejorar la calidad de la atención de este proceso, crearon los primeros servicios de cuidados paliativos. No ha sido fácil establecer esta atención profesional y humanizada, en un entorno social que vive de espaldas a esta realidad, que rechaza y trata de ignorar.

Nuestro trabajo, es cuidar y atender las necesidades de las personas, pacientes y familias, orientando los esfuerzos a su bienestar y calidad de vida. Y pese a la gratitud que suelen expresar quienes se benefician de este enfoque, su desarrollo es aún insuficiente.

En estos veinte años contando con el apoyo de la administración, nos dotamos en 2015 de una ley autonómica que regula los derechos de las personas en el proceso de morir, aún así estamos lejos de que estos cuidados lleguen a todos los que los necesitan. Quizás no tengan el desarrollo que merecen, hasta que no tomemos conciencia del avance y los beneficios, que supone disponer de una atención experta, humanizada y compasiva en esta etapa de la vida.

La concienciación sobre los beneficios de los cuidados paliativos, esta siendo espontáneamente promovida por algunos líderes sociales que, ofreciendo su testimonio conmovedor, difunden nuestro trabajo. Me refiero a la intervención de una conocida actriz en un programa televisivo de gran audiencia, mostrando gratitud por lo aprendido durante el acompañamiento de la enfermedad de su marido. O al líder de un grupo musical que en una entrevista quince días antes de morir, ha querido desmitificar el proceso dando un mensaje de serenidad y confianza. O a un director de teatro catalán que reestrena en Barcelona, una obra surgida del acompañamiento a un catedrático de la Universidad de Barcelona en sus últimos meses de vida. Estas iniciativas favorecen la reflexión sobre la necesidad de sentirnos acompañados y cuidados en estos momentos de vulnerabilidad y dependencia. Decía Petrarca: «Un bell morire tuta una vita honora», y las sociedades que cuidan a sus enfermos terminales se honran a ellas mismas. Gracias a Paz Padilla, Pau Donés, Jordi Évole, Àlex Rigola y a todos los que, desde los medios, el arte y la cultura nos ayudáis a profundizar en el cuidado de nuestra vulnerabilidad, a la que seguramente muchos nos veremos invitados.