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Llorenç Riera

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Llorenç Riera

El poder se salva sin escrúpulos

Cambio de vestimenta para mantener el abrigo. Desmantelado el pacto de gobierno inicial con el PSOE y el Bloc, El Pi planta raíces sobre el riego y el abono del PP y se deja apuntalar por un Joan Aznar que, con su decisión, se desentiende de su electorado y echa al traste todo el crédito de su explicable abandono del PSOE. El Bloc se queda en la soledad eremítica de su lógica consecuente y los socialistas, aún sin autocrítica suficiente, empiezan a buscarse a sí mismos. Les espera una dura travesía, ganada a pulso, para purgar sus incompatibilidades personales. Le llaman estabilidad pero es puro apego al poder prescindiendo de cualquier escrúpulo. Jaume Monserrat es ahora un alcalde de derechas con los votos caducados de la izquierda. Lo más llamativo es que pretende dar tintes de seriedad y coherencia a esta pirueta de apego al cargo. Si El Pi pretende consolidar el mensaje de que sirve para todo y con cualquiera, deberemos entender que también es veleta de cualquier interés. Entramos en terrenos pantanosos.

Por motivos de sobra explicados, el pacto a la izquierda se ha ido al traste. La continuidad de Monserrat solo podría tener sentido desde la renuncia y la posterior recarga de confianza con sus nuevos socios, porque no es verdad que todo sea igual independientemente de los compañeros de viaje. Sin ir más lejos, un Plan General de la mano del PP tendrá trazos muy distintos de los que hubieran podido admitir el Bloc y un PSOE en sus cabales.

Es una reflexión que debería haber madurado Joan Aznar antes de rechazar la etiqueta de tránsfuga de la que ya nunca se desprenderá.

Si es verdad, como él asegura, que se hace una lectura política de las incompatibilidades personales, cabe preguntarse si los ediles incapaces de resolver sus diferencias están verdaderamente facultados para la misión que se les ha confiado. Juzguen ustedes mismos.

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