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Carne

La agrupación local de Unidas Podemos de Collado Villalba, pueblo que pertenece a la comunidad autónoma de Madrid, ha presentado en el ayuntamiento de la villa una moción encaminada a prohibir que los lunes se sirva carne en las cafeterías, restaurantes y colegios que dependan del consistorio. Se trata, según la coalición, de unirse a una iniciativa internacional que está en marcha para luchar contra el cambio climático, empresa noble donde las haya. Pero Unidas Podemos asegura que existen también numerosos estudios epidemiológicos –aunque no cita ninguno– que demuestran que el consumo excesivo de carne y lácteos perjudica a la salud y está relacionado con enfermedades como –cito textualmente– la obesidad, la hipertensión, la diabetes, el cáncer de colon, las enfermedades coronarias y los accidentes cardiovasculares... Los puntos suspensivos al final de la frase sugieren que debe haber más pero con semejantes riesgos imagino que basta.

Lo que no entiendo ante tan tremenda amenaza es que se promueva la abstinencia de carne –y lácteos, supongo– sólo los lunes. Lo lógico sería extender la prohibición a toda la semana porque, de lo contrario, la iniciativa se queda en una especie de ritual como aquél impuesto por la Iglesia católica cuando mis años mozos. Se tachaba entonces de pecador a quien comiese carne en viernes y se atiborrara de cualquier alimento en los días establecidos como de ayuno. El asunto se convertía en pintoresco al constatar que las familias pudientes cambiaban el filete de los viernes por marisco, permitido por el dogma. Y terminó por decaer allá a mediados de la década de los años sesenta del siglo pasado cuando salieron a la luz las bulas. Se trataba de unos documentos que, mediante un pago más bien modesto, le autorizaban a uno a comer carne siempre que se le antojase.

No pretendo sugerir que Unidas Podemos se haya convertido en la reedición actual de los obispados pero me pregunto de dónde sacarán la idea de que el consumo de carne, excesivo o no, anda detrás de las culpas que han llevado a los obesos a su condición lamentable. Que yo sepa, el motivo esencial del exceso mórbido de peso, la obesidad infantil en el peor de los casos, que azota a no pocas naciones es la de una ingesta sistemática de comida basura. Poca carne hay en las pizzas que se encargan hasta por teléfono, y si bien las hamburguesas llevan buey, o pollo, no son esos ingredientes los que más contribuyen a la obesidad. Las bebidas azucaradas y la repostería industrial –los afamados donuts, por ejemplo– tienen bastante más culpan en el exceso de grasas. Pero será, digo yo, que los estudios que analizan desde las epidemias actuales al cambio climático no se han planteado tal hipótesis. Dice Unidas Podemos que atacan a la carne y a los lácteos, así que langosta con champán los lunes y a otro asunto.

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