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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Isabel de España rinde al PP ante Pedro Sánchez

Los fastos con los que la presidenta madrileña Díaz Ayuso recibió al presidente del Gobierno inútilmente intentaron camuflar la rendición incondicional de la desarbolada formación conservadora

Ayuso asegura que Madrid "va a estar a disposición de los catalanes"

Son de ayer mismo los ditirambos con los que Pablo Casado elogiaba a Isabel Díaz Ayuso: “quiero para España una gestión como la que está haciendo Isabel Díaz Ayuso en Madrid”. Muy parecidos a los que Mariano Rajoy prodigaba a Jaime Matas cuando presidía la Comunidad balear. Qué cosas: Matas acaba de acceder al tercer grado penitenciario. Ayuso ha rendido armas sin condiciones ante Pedro Sánchez, desbordada por la pandemia, después de no haber sabido impedir que Madrid sea el foco de irradiación europeo de la Covid-19 por su manifiesta y letal incompetencia, por su necedad, por haber querido hacer de una colosal emergencia sanitaria un artefacto de insensata lucha política. El lunes, sobrepasadas sus últimas líneas de resistencia, entregó la Comunidad de Madrid al presidente del Gobierno convirtiendo el armisticio en acto bochornoso, revestido de la liturgia a la que tan proclives son los independentistas catalanes: banderas por doquier, paseíllo triunfal, firma en el libro de honor. Despropósito tras despropósito. Conviene enfocar: lo ocurrido es esencialmente la rendición, no es un pacto de no agresión, es la rendición incondicional del PP, que se ve obligado a abandonar la constante crispación de la vida política, la tensión permanente. Sánchez, condescendiente, afinando el cálculo político, que pasa por encima de las urgencias que crea la pandemia, lo que le obligaría a intervenir Madrid, da carta de naturaleza como interlocutora a Díaz Ayuso, asume su necedad sin límites; al tiempo, deja en absoluto fuera de juego a Pablo Casado: el presidente del PP es casi obscenamente orillado. De no vérnosla con una situación dramática habría que loar la inteligente estrategia desplegada por Moncloa.

“Madrid es España dentro de España”. Cómo descifrar tamaña sandez. La afirmación define el problema, el serio problema, que confronta una parte sustancial de la derecha española, que sigue encelada en tomar la parte por el todo. La enorme carencia de la dirección del PP, más acusada que la existente en la etapa de Mariano Rajoy, es la de considerar que Madrid, sus pulsiones, la adscripción ideológica de su población, es la misma que en toda España. Garrafal error. Solo parece entender que las Españas son diversas y sumamente complicadas, además de no estar ideológicamente en las cercanías de los arcanos de la derecha, el gallego Alberto Núñez Feijóo, capaz de reiterar, en un territorio, eso sí, muy proclive, mayorías absolutas. El presidente gallego, cada vez más alejado de Casado, observa el desmadejamiento de su partido; a la gallega, aguarda tal vez su momento definitivo. Veremos si Pedro Sánchez le da paso. De momento entroniza a la madrileña, con lo que garantiza que Pablo Casado carece de la oportunidad de levantar cabeza. Su inanidad, ausencia de capacidad política, se basta por sí sola para condenar al PP al fracaso, pero dejando la escena a Díaz Ayuso, las puertas se atrancan con firmeza. 

La ecuación se completa con el dilema del disminuido Ciudadanos: ¿rechazará, si se materializa, la oportunidad de presidir la Comunidad de Madrid? Se plasma que la decisión de alguien tan pagado de sí mismo como Albert Rivera de cegar un cierto pacto con el PSOE, que le hubiera posibilitado presidir alguna comunidad y ayuntamientos, fue peor que un error: constituyó casi el certificado de defunción para Ciudadanos, que a duras penas intenta soslayar Inés Arrimadas, todavía atrapada en la red que tendió Rivera, que no era otra cosa que lo que dijo el presidente del Banco de Sabadell: el líder de un Podemos de derechas. La falacia quedó al descubierto. El Podemos de derechas (se perdonará la inconveniente equiparación) es la extrema derecha de Vox, que se relame observando la descomposición de sus fraternales adversarios, que dependen de su anuencia tanto en Madrid como en Andalucía.

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