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A la memoria democrática le falta una hora

El cambio horario aprobado por Franco en 1940 para igualarse a la Alemania nazi

Según el DRAE, “equinoccio” es la “época en que, por hallarse el sol sobre el ecuador, la duración del día y de la noche es la misma en toda la Tierra, lo cual sucede anualmente del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre.” En estos días en que comienza el otoño en el hemisferio norte (y la primavera en el hemisferio sur), en todo el mundo los días tienen la misma duración que las noches. El mediodía es cuando el sol está en su punto más alto, en su cenit, según se aprende en la escuela primaria. Esto es universalmente a las 12 (del mediodía). 

De ahí se deduce que durante el equinoccio (cuando es de día durante doce horas y de noche durante las otras doce), amanece hacia las de 6 de la mañana y anochece en torno a las 6 de la tarde. Salvo en España. Hagan ustedes la prueba estos días y verán que está amaneciendo hacia las 8 de la mañana y anochece hacia las 8 de la tarde. 

¿Qué tiene que ver esto con la memoria democrática? España sigue siendo diferente, en primer lugar por mor de un decreto de Franco, que en 1940 adelantó el reloj una hora para estar a la par con el del régimen de Hitler. Nunca se ha restituido esta hora. A pesar de estar aconsejados por expertos, entre ellos los de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles, ningún gobierno desde la transición a la democracia ha enmendado dicho desaguisado. Tampoco este gobierno progresista, ni siquiera en esta ocasión. 

Por si fuera poco, a este artificial adelanto de hora se le añade, desde los años 1970, el de la hora de verano, durante siete meses del año, de marzo a octubre. A este cambio España no puede sustraerse, al tratarse de una medida internacional. El resultado es que España no está en la hora que le corresponde, pues hay dos horas de desfase durante la mayor parte del año, con los cambios socioculturales que esto ha acarreado: el biorritmo de sus habitantes se ha visto alterado, empezando el día con despertares no naturales. Los más castigados son los más indefensos, en primer lugar los niños, los trabajadores que han de madrugar de noche, o las mujeres que llevan el peso de las tareas de los hogares. Cuando en este país tradicionalmente se almorzaba en torno al mediodía (12-13 h.) y se cenaba hacia las 19-20 h., este adelanto del horario conllevó un paulatino aplazamiento de hasta dos horas de estas dos ingestas, y de la hora del descanso nocturno. Sin embargo, se sigue madrugando igual, muy similar que en otros países. 

Resultado y diferencia para España: la jornada se estira cual chicle, con horarios laborales partidos e interminables, los niños no logran dormir la cantidad de horas que necesitan dormir, la conciliación es un reto difícil de afrontar, el trajín en las cocinas de los hogares roza la medianoche, el prime time televisivo es absurdamente tardío (la hora de emisión de Masterchef Junior, por ejemplo, con y para chavales de entre 8 y 12 años, fue los martes a partir de las 22:30 horas), y el ocio nocturno transcurre hasta altas horas de la madrugada. 

En esta pandemia del Covid-19 se ha llegado a imponer el adelanto del cierre de algunos establecimientos. Ajustar la hora sería, en cambio, una medida que contribuiría de forma natural a equilibrar los horarios. Sobre todo, ya que se está en el empeño de superar los vestigios franquistas, ¿no sería, por fin, el momento de restituir esa hora? La ley de memoria democrática contiene once puntos, debatibles algunos, que pueden incumbir en mayor o menor medida a más o menos gente. En cambio, esa hora desfasada afecta a todo el mundo, y a diario. Por ello, a los once puntos de la nueva ley de memoria democrática sería menester añadir un punto número 12: “Restitución de la hora que Franco arrebató a la mañana”.

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