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Pasión por el espionaje

La trama para seguir a Bárcenas

La pandemia de la corrupción política se extiende imparable y prácticamente no hay institución del Estado libre de contagio. Quedaba sin afectar la Casa Real hasta que las informaciones sobre las maniobras financieras del rey emérito empezaron a salir en los medios. Resta saber si la enfermedad podrá ser atajada con algún potente remedio ético (por el momento de composición desconocida) o habrá que resignarse a certificar el fallecimiento de la monarquía parlamentaria, que es la receta que permitió milagrosamente el paso de la dictadura a la democracia. De momento, las perspectivas no son buenas porque a un escándalo le sucede otro y no hay semana que no sepamos de uno más truculento. 

El último fueron las declaraciones en sede judicial de Francisco Martínez, secretario de Estado de Interior, siendo titular de la cartera Jorge Fernández Díaz y presidente Mariano Rajoy. Al levantarse el secreto del sumario, hemos podido saber que el señor Martínez (letrado en excedencia de las Cortes), imputa a Jorge Fernández, Dolores de Cospedal y Mariano Rajoy la responsabilidad de ordenar el espionaje de Luis Bárcenas, tesorero del PP y durante años el hombre que controló las finanzas de ese partido. Unas investigaciones que fueron presuntamente financiadas con dinero de los fondos reservados y en las que también parece enredado el excomisario Villarejo. El asunto es de enorme gravedad y nos mantendrá entretenidos bastante tiempo o. Pero no hace sino confirmar la afición, muy española, de saber cosas de otros para utilizarlas según convenga. Una actividad que, en el PP, ha dado lugar a episodios muy sonados. Como el de Esperanza Aguirre que fue acusada de espiar a militantes de su propio partido hostiles a ella. O el que implicaba a la catalana Alicia Sánchez Camacho en otra trama con micrófonos ocultos. Y, más reciente, la supuesta instalación de escuchas en su teléfono al presidente del parlamento catalán. 

El espionaje tiene, entre nosotros, una larga tradición y los espías son tenidos, no como traidores o mercenarios, sino como personajes dotados de un aura misteriosa y romántica. Uno de los más famosos fue el catalán Joan Pujol ‘Garbo’ que engañó a los servicios secretos alemanes haciéndoles creer que la invasión aliada tendría lugar en Calais y no en Normandía, como así resultó. En esa lista ha de figurar otro catalán, Ramón Mercader, un activo militante comunista, que fue el ejecutor material del asesinato en México de Troski por orden de Stalin. En España hemos de citar a Mikel Lejarza, más conocido por el sobrenombre de ‘El Lobo’. Se introdujo en la cúpula de ETA y desde allí contribuyó a su desarticulación. Espías de verdad yo solo conocí personalmente a Ángel Alcázar de Velasco. Me lo presentó en un café madrileño un periodista de Ribadeo. Era un personaje curioso que había sido periodista, torero, y colaborador de las SS. La periodista Pilar Cernuda ha publicado un libro sobre las espías españolas con un título muy apropiado: No sabes nada de mí.

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