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Un sádico es peor que un tonto

Trump desvela a Bob Woodward en febrero de 2020 que ya en esa fecha conocía que el virus era cinco veces más letal que la gripe

Fernando Toll-Messía

Jamie Gangel, Jeremy Herb y Elizabeth Stuart publican el jueves, 10 de septiembre, un artículo en la sección de política de la CNN que pone los pelos de punta. Recogen las declaraciones que el presidente Trump hizo al periodista de investigación del Washintong Post y el premio Pulitzer de 1973, Bob Woodward, en una serie de 18 entrevistas desde el cinco de diciembre de 2019 hasta el 21 de julio de 2020 que el gran periodista recoge en su nuevo libro Rage (“Rabia” en español).

En ellas, Donald Trump admite el 7 de febrero de 2020 que sabía semanas antes de la primera muerte confirmada por coronavirus en EE UU que el virus era peligroso, que se transmitía por el aire, que era altamente contagioso y “más de cinco veces más letal que incluso la extenuante gripe”. “Siempre quise restarle importancia”, dijo Trump a Woodward el 19 de marzo, incluso cuando había declarado la emergencia nacional por el virus días antes. “Todavía me gusta restar importancia, porque no quiero crear pánico”.

Las entrevistas fueron grabadas en audio por Woodward con permiso de Trump y la CNN ha tenido acceso a ellas. Incluso han sido inmortalizadas en una foto del 19 de diciembre en la que aparecen el periodista, el presidente y el vicepresidente Mike Pence junto a personal de la Casa Blanca. O sea, que hay testimonio en audio y en imagen, por lo que es innegable la veracidad del contenido.

Además, Woodward revela que, en un informe de alto secreto del 28 de enero de 2020, el asesor de Seguridad Nacional Robert O’Brien le dijo a Trump que el virus sería “la mayor amenaza a la seguridad nacional” de su presidencia. El adjunto de O’Brien, Matt Pottinger, añadió que podría ser tan grave como la pandemia de influenza de 1918, que mató aproximadamente a 50 millones de personas en todo el mundo, incluidos 675 000 estadounidenses. Pottinger advirtió a Trump que se estaba produciendo una propagación asintomática en China: le habían dicho que el 50% de los infectados no mostraba síntomas.

En resumen, que el presidente de los EE UU sabía hace siete meses que se trataba de un virus de una enorme letalidad, altamente contagioso, que se transmitía por el aire (cosa que hasta hace unos meses se dudaba), que era mucho peor que la gripe, que sería lo peor que sucedería en su mandato de cuatro años y que el 50% de los enfermos era asintomático (de lo cual nos hemos enterado en el resto del mundo después del confinamiento).

En el libro que extracta el artículo que comento de la CNN, también se recoge una serie de comentarios devastadores sobre Trump por parte de sus colaboradores, incluido el doctor Fauci, el Fernado Simón americano. Y unas declaraciones de Trump a Woodward que resumen la quintaesencia del “trumpismo”: “El hecho es que soy un animador de este país. Amo nuestro país. Y no quiero que la gente se asuste. No quiero crear pánico, como dices, y ciertamente no voy a llevar a este país o al mundo a un frenesí. Queremos mostrar confianza. Queremos mostrar fuerza. El virus no tiene nada que ver conmigo”.

Mi madre decía “me da más miedo un tonto que un malo”. Sólo que en este caso, el tonto se revela, además, sádico. Porque si el resto del mundo hubiese sido consciente del conocimiento que EE UU tenía entre diciembre de 2019 y febrero de 2020 del coronavirus, las medidas relativas a la transmisión de la enfermedad, equipos de protección, reglas de confinamiento, triaje, rastreo de contactos, etc., hubiesen sido muy diferentes y se habrían podido salvar muchas vidas. En mi experiencia de cuatro años como gerente de los hospitales autonómicos de Balears, aprendí lo suficiente de gestión sanitaria como para entender la enorme importancia de la información, la prevención, la compra de materiales y fungibles, de medicamentos, la contratación de personal sanitario, el aislamiento y la separación de plantas hospitalarias, la construcción de infraestructuras sanitarias, etc. La complejidad y el tiempo que requiere aprovisionarse con antelación; la dificultad de erigir hospitales o centros de salud a tiempo. Por lo tanto, si se hubiese tenido la información en el resto del mundo en el mes de diciembre de 2019, los responsables políticos en materia sanitaria hubiesen podido armarse para afrontar la pandemia que asoló Europa, principalmente, entre febrero y mayo de 2020.

Si Trump pierde, como sin duda deseo, las elecciones del próximo noviembre, le espera una serie de querellas por múltiples asuntos y marranadas durante su mandato. Esperemos que, además, se le sume otra por haber ocultado al mundo, incluidos sus propios ciudadanos, todo lo que sabía de esta enfermedad y todo lo que ha negado reiteradamente sobre ella, por una simple cuestión ideológica como es preponderar el derecho a la libertad individual de no usar mascarilla, evitar el confinamiento, etc., sobre el derecho a la vida.

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