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Salud

Ignorancia y pandemia

Esta epidemia ha demostrado que tenemos muchas lagunas en el conocimiento de la dinámica de las enfermedades infecciosas. Invertimos mucho esfuerzo en la epidemiología de las enfermedades crónicas, cáncer, enfermedades cardiovasculares, pero que nos hemos olvidado de las verdaderas epidemias: creíamos que ya las habíamos vencido, que ya las conocíamos bien. 

Repasemos. Los microbios llegan a nosotros por diferentes vías, en el caso que nos ocupa, principalmente la aérea. También se piensa que puede trasmitirse por objetos inanimados que alberguen los virus: las manos como vehículo. Creo que es una forma poco frecuente, basta saber que ha habido pocas conjuntivitis. Biológicamente es posible: los virus transportados por las manos llegan a la conjuntiva, tejido muy vascularizado que alberga células con los receptores para coronavirus, y desde ahí, por el conducto lacrimal, al árbol respiratorio. El aire inhalado es la vía más importante. El infectado expulsa con la espiración virus, englobados en gotículas o incluso en aerosoles. El susceptible los aspira. Hasta aquí solo física y son los físicos los que estudian esta dinámica. Y los que nos dicen que llegan a capturar virus a varios metros y varios minutos después de que el diseminador se haya ido de la habitación. Pero lo más frecuente y la mayor carga está a menos de 1,5 metros. Ha habido muchas discusiones sobre esto, poca ciencia cuando es algo de tanta importancia. 

Si esas partículas microscópicas aspiradas se siembran en buena tierra, se reproducirán. En el caso de virus no hay status de portador, sí en las bacterias. Se trata de personas que albergan microbios patógenos pero que por razones que ignoramos no son tóxicos. Esta es otra laguna de conocimiento. Los virus solo pueden sobrevivir si invaden la célula, en concreto, el ADN. Se incrustan en esa molécula y la obligan a realizar copias de sí mismos, miles, millones de copias que llenan la célula, la matan y ellos, vivos y ávidos de más células, repiten la secuencia. Por eso no hay status de portador. Pero se ha visto que SARS-CoV-2 en muchos casos no produce enfermedad: el infectado no tiene ni signos ni síntomas. Se demostró cuando supimos que se habían producido brotes cuya causa se identificaba en un “enfermo” asintomático. También se pudo ver que entre los contactos aislados, y seguidos 3 semanas, un 35 o 40% nunca desarrollaba síntomas a pesar de tener virus en la garganta y fosas nasales. Y lo más inquietante: la carga viral de los enfermos sintomáticos y no sintomáticos era idéntica. Por tanto, los asintomáticos contagian. Pero cuánto contagian, no lo sabemos porque surge otra sorpresa: no hay una correlación clara entre carga viral y contagiosidad. De hecho, los niños a veces tienen una carga viral muy alta pero contagian poco. Lo que me sorprende es que es eso estudios no se mida la presencia de virus en la espiración. Es una muestra más de las lagunas de investigación. Sabemos, por los estudios que se realizan para demostrar la eficacia de las mascarillas, que las personas infectadas no expulsan virus en todas las toses o estornudos. Por qué unas veces sí y otras no y porque unos más que otros, no lo sabemos. 

Pronto se publicó en el prestigioso New England Journal of Medicine un artículo que medía la carga viral desde el inicio de los síntomas. Supimos que era entonces máxima y que bajaba a buena velocidad. Casi todos los estudios posteriores coinciden en eso y en que a los 15 días hay pocos: contagian más, en teoría, 2 días antes y 2 días después de los síntomas. Eso explicaría el misterio de los superdiseminadores: son las personas que por azar se encuentran en un medio favorable en alguno de esos 4 días. Modelos matemáticos, basados en estas premisas, concluyen que el 80% de los contagios lo produce el 20% de los casos: Pareto revisitado. El economista italiano Pareto argumentó que en muchos casos el 80% de los resultados se consiguen con el 20% del esfuerzo. 

Si la física estudia la diseminación aérea, los modelos matemáticos tratan de explicar la evolución de las epidemias. Ha habido muchas más matemáticas que biología. Esa es otra de las lagunas. Los modelos matemáticos se basan en asunciones, muchas veces con débil soporte biológico, para producir escenarios posibles. Y son estos escenarios lo que soportan las decisiones políticas. 

La enfermedad, Covid-19, como todos los casos, es el resultado de la agresión del agente y la respuesta del organismo. Esa es la clínica. Cuánto es causado directamente por el primero y cuanto es consecuencia del esfuerzo biológico del tejido u órgano infectado, es algo que no sabemos del todo bien. Es otra laguna de conocimiento al que no se le dedica suficiente inversión. Conocer más podría ayudar a tratar. 

Todas estas lagunas facilitan actuaciones dispares. Esta semana el CDC, el organismo hasta la fecha con más prestigio en el control de enfermedades infecciosas, decidió recomendar no hacer PCR a los contactos. Por tanto, nunca se descubrirán asintomáticos. No los habrá. La razón: que una PCR negativa hoy no asegura que mañana lo sea. 

Demasiadas contradicciones y dudas fruto de la ignorancia. Creo que hay que invertir más en la dinámica de las infecciones, hacerlo atractivo, al menos tanto como lo han sido las vacunas. 

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