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Matías Vallés

El primer barrio de concentración

Los vecinos apuran las horas hasta las nuevas restricciones

Con Armengol huida, el Govern proclama el primer barrio de concentración de Palma, tal vez el embrión de la futura República Independiente de Son Gotleu. Desmintiéndose como en ella es habitual, la consellera Patricia Gómez ha atendido exclusivamente a criterios epidemiológicos. Setecientos casos semanales por cien mil habitantes, catorce veces por encima de lo que Merkel considera alarmante. El ghetto recién creado triplica los contagios de Mallorca, a su vez capital europea de la propagación del coronavirus.

Uno de cada cuatro habitantes de los Son Gotleu se ha contagiado de la covid, por fortuna con un descenso de propagación infantil en los últimos tiempos. El barrio de concentración es un caldero donde rebulle el coronavirus, pero no conviene engañarse. Allí solo se multiplican en condiciones de aglomeración las cepas importadas por las clases opulentas a través del aeropuerto, o de los yates de la familia real de Catar.

La consellera no sirve de interlocutora porque se ha limitado a firmar lo que le han puesto delante. Ahora bien, “permitir la circulación de personas residentes dentro del núcleo afectado” implica anular los efectos de la resolución, bajo la fantasiosa pretensión de que la plaga no se derramará al resto de la ciudad.

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